Tierra Cofrade

¿Cuándo deja de ser nueva una tradición?

Nuestro Padre Jesús de la Victoria en la primera salida de La Borriquilla de Padul en Domingo de Ramos.

Por Francisco Molina Muñoz | Tierra Cofrade

Veinticinco años de La Borriquilla de Padul permiten observar casi en tiempo real cómo una decisión se convierte en costumbre, la costumbre en expectativa y la memoria de unos en herencia para otros

Toda tradición tuvo alguna vez un primer día.

La afirmación parece evidente hasta que intentamos aplicarla a aquello que sentimos como «de toda la vida». Un hábito, un recorrido, una advocación, una forma de llevar un paso, una procesión o la presencia de una hermandad en determinada jornada tuvieron que comenzar en algún momento. Alguien tuvo que proponerlo. Hubo que decidir. Después llegó la repetición y, con ella, algo más difícil de fechar: el momento en que dejamos de percibir aquello como una novedad.

Titulares de La Borriquilla de Padul expuestos tras su presentación pública en 2006.
Los Titulares de La Borriquilla de Padul tras su presentación pública en 2006. La Hermandad llevaba
ya varios años de vida cuando empezó a adquirir una imagen reconocible ante el pueblo.

El XXV Aniversario de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús de la Victoria y Nuestra Señora del Valle, La Borriquilla de Padul, ofrece una oportunidad poco común para contemplar ese proceso mientras todavía está ocurriendo. La corporación es suficientemente joven para conservar a quienes recuerdan sus comienzos y, al mismo tiempo, suficientemente adulta para que haya personas que no recuerdan una Semana Santa de Padul sin ella.

Entre ambos extremos aparece una pregunta que sirve para La Borriquilla, pero también para muchas hermandades, fiestas y costumbres que hoy consideramos tradicionales:

¿cuándo deja algo de ser nuevo y empieza a ser recibido como herencia?

La tradición tiene más de un reloj

Veinticinco años parecen pocos.

Lo son si utilizamos como medida los siglos. En el propio Padul encontramos una comparación casi extrema: mientras La Borriquilla fija su fundación en 2001, la Hermandad del Señor conserva una historia cuyo origen documentado se sitúa en 1579. Entre una y otra hay más de cuatrocientos años.

Si la única pregunta fuera cuál es más antigua, no habría mucho que discutir.

Pero la tradición no se mide únicamente con el calendario.

Imaginemos a una persona nacida en 2006. En 2026 tiene veinte años. Es adulta y, sin embargo, no conserva ningún recuerdo consciente de una Semana Santa de Padul en la que La Borriquilla no formara parte del Domingo de Ramos.

Para ella no es nueva.

Nunca lo fue.

Aquí aparecen dos edades distintas.

Una es documental: podemos establecer cuándo comenzó una institución o una práctica.

La otra podríamos llamarla biográfica: cuánto tiempo lleva formando parte del mundo que una persona es capaz de recordar.

Ambas existen.

Una costumbre puede tener veinte años y, al mismo tiempo, ocupar toda la memoria de alguien de dieciocho.

Esto explica algo que aparece continuamente cuando se trabaja con tradición oral. La expresión «esto se ha hecho siempre así» rara vez significa literalmente «desde tiempo inmemorial». Muchas veces quiere decir:

«Se ha hecho así durante todo el tiempo que yo recuerdo».

No es una falsedad.

Es otra manera de medir el tiempo.

Una costumbre puede tener veinte años en el calendario y, al mismo tiempo, haber existido durante toda la vida que alguien es capaz de recordar.

En 2001 casi todo estaba todavía por decidir

La fecha fundacional está bien establecida: 29 de mayo de 2001.

La documentación publicada identifica a Andrés Rejón Sánchez, Francisco Molina Muñoz y Santiago Bueno Rejón en aquella reunión inicial y señala que quedaron plasmadas decisiones sobre el nombre de la corporación, las advocaciones, los colores de los hábitos, el escudo o la jornada procesional.

Hoy esas cuestiones pueden parecernos naturales.

En 2001 no lo eran.

Había alternativas.

Había que escoger.

Este detalle es esencial porque una de las cosas que hace el tiempo es ocultar las alternativas que existieron en el origen.

Cuando vemos una institución después de veinticinco años conocemos el resultado. Esa ventaja nos engaña un poco. Tendemos a pensar el pasado como si todo lo posterior estuviera ya contenido en aquella primera decisión.

Pero quienes estuvieron allí no conocían 2026.

No podían saber qué proyectos prosperarían, qué costumbres permanecerían, qué patrimonio se incorporaría o qué lugar ocuparía finalmente la Hermandad dentro del Domingo de Ramos.

En los comienzos, cada elemento tiene todavía aspecto de decisión.

Después se repite.

Y llega un momento en que la decisión se vuelve casi invisible.

Ese proceso merece más atención que la simple antigüedad.

Porque muchas tradiciones no se vuelven fuertes cuando olvidamos cuándo comenzaron, sino cuando dejamos de necesitar una explicación para reconocerlas.

Una hermandad puede existir mucho antes de que la calle lo sepa

También solemos cometer otro pequeño error de perspectiva: identificamos el comienzo de una cofradía con su primera procesión.

Es comprensible.

La procesión deja fotografías.

Tiene público.

Puede fecharse.

Pero La Borriquilla había sido fundada en 2001 cuando, los días 8 y 9 de abril de 2006, se presentaron públicamente las imágenes y el primer paso de Nuestro Padre Jesús de la Victoria en el Centro Cultural Federico García Lorca.

El Señor realizó su primera salida procesional el Viernes Santo de 2007. Un año después llegaría la primera salida en Domingo de Ramos de 2008, jornada con la que terminaría identificándose la Hermandad.

Entre fundar y procesionar transcurrieron casi seis años.

En una cronología parecen poca cosa.

En la vida de una asociación son mucho tiempo.

Antes de que una puerta se abra hay reuniones, encargos, trámites, cuentas, búsqueda de recursos, patrimonio que conseguir, personas que convencer, soluciones provisionales, proyectos que retrasar y problemas que nadie fotografiará.

La primera salida produce una curiosa ilusión retrospectiva: parece que la historia comenzó cuando pudo verla el público.

No fue así.

Cuando salió por primera vez a la calle, detrás del paso caminaban ya varios años de historia invisible.

Y esto no sucede solamente en las hermandades.

Las instituciones culturales suelen ser recordadas por sus manifestaciones públicas mientras el trabajo que permite que existan se disuelve con enorme rapidez.

Primera salida de Nuestro Padre Jesús de la Victoria en 2007 y primer Domingo de Ramos de La Borriquilla de Padul en 2008.
Dos momentos separados por apenas un año y, sin embargo, distintos: en 2007 llegó la primera salida;
en 2008 comenzó a asentarse el Domingo de Ramos que acabaría identificando a la Hermandad.

Cuarenta y cuatro niños vestidos de hebreos

Una ficha de 2009 contiene un dato que podría pasar completamente inadvertido.

Aquel año formaban parte de la procesión 44 niños y niñas vestidos de hebreos. Había además 48 costaleros. Las ropas de hebreo, los hábitos y las dalmáticas habían sido diseñadas por Antonia Molina Medina y confeccionadas en su taller de Padul con ayuda de varias integrantes de la Hermandad.

Cuarenta y cuatro niños.

Parece una cifra administrativa.

Pero pensemos en ellos diecisiete años después.

Muchos son hoy adultos.

Algunos seguirán vinculados a la Hermandad. Otros no. Eso no cambia demasiado lo que nos interesa.

Su relación con La Borriquilla comenzó antes de que pudieran comprender completamente qué significaba pertenecer a una hermandad.

Primero participaron.

Después aprendieron.

Y aquí encontramos uno de los mecanismos más poderosos de transmisión cultural.

Las tradiciones no se enseñan siempre mediante explicaciones.

Hay cosas que se aprenden haciéndolas.

El niño sabe dónde tiene que colocarse.

Reconoce un itinerario.

Aprende cuándo empieza la espera.

Sabe qué ropa corresponde.

Identifica una música.

Recuerda quién lo acompañaba.

Asocia determinados olores, calles y horas del día con una experiencia concreta.

Paul Connerton llamó la atención sobre la importancia de esta memoria incorporada: las sociedades recuerdan también a través de prácticas corporales, repeticiones, ceremonias y hábitos aprendidos. El pasado no se conserva únicamente en textos; puede permanecer en maneras de actuar que alguien aprendió viendo a otros.

No hace falta conocer a Connerton para reconocer el fenómeno dentro de una hermandad.

Primero se mira.

Después se ayuda.

Más tarde se sabe hacer.

Y un día quien aprendía descubre que es él quien está explicándoselo al siguiente.

Eso es transmisión.

Una tradición puede empezar a transmitirse mucho antes de que alguien conozca su historia: primero se participa, después se comprende y, algún día, se enseña.

Tradición no significa inmovilidad

Llegados aquí aparece una contradicción frecuente.

Si una tradición cambia, ¿continúa siendo tradición?

El marco de la UNESCO para el patrimonio cultural inmaterial resulta especialmente útil porque evita identificar patrimonio vivo con inmovilidad.

Las prácticas culturales son transmitidas entre generaciones, pero también son recreadas continuamente por las propias comunidades. Proteger un patrimonio vivo no significa congelarlo en una supuesta forma original.

Es una idea que encaja especialmente bien con el mundo cofrade.

Cambian itinerarios.

Cambian formas de portar.

Se incorporan imágenes.

Se restauran pasos.

Aparecen músicas nuevas.

Se abandonan otras.

Cambian los espacios urbanos.

Cambian incluso quienes participan.

La continuidad no consiste en que nada cambie.

Consiste en que una comunidad siga reconociendo algo como propio mientras lo adapta.

Eso obliga a modificar la pregunta.

En lugar de:

«¿Ha cambiado?»

quizá debamos preguntar:

«¿Qué sigue siendo reconocible a través del cambio?»

La Virgen del Valle demuestra lo rápido que una novedad puede volverse normal

Hay un ejemplo muy limpio dentro de La Borriquilla.

En 2012, la documentación de la Semana Santa de Padul todavía anunciaba la futura incorporación de Nuestra Señora del Valle al cortejo.

El paso de palio comenzó a procesionar en 2013.

Ahora hagamos el pequeño esfuerzo de colocarnos en 2012.

La salida de la Virgen era futuro.

Había preparativos.

Expectativa.

Quizá incertidumbre.

Un año después fue estreno.

En 2026 lleva trece años formando parte de la procesión.

Para un niño o adolescente puede haber ocurrido siempre.

Este caso permite observar con bastante claridad el proceso:

proyecto → estreno → repetición → expectativa.

La última palabra resulta especialmente importante.

Una práctica empieza a arraigar no solamente cuando recordamos que ocurrió el año anterior.

Empieza a hacerlo cuando esperamos que vuelva a ocurrir.

Si un Domingo de Ramos dejara de salir de pronto Nuestra Señora del Valle, percibiríamos una ausencia.

Eso significa que lo que en 2013 era novedad ya ha ocupado un espacio en la expectativa colectiva.

La tradición, vista así, no depende solo del pasado.

También organiza el futuro.

Una tradición empieza a adquirir fuerza cuando ya no solo recordamos que algo ocurrió, sino que esperamos que vuelva a ocurrir.
Primera salida procesional de Nuestra Señora del Valle con La Borriquilla de Padul en 2013.
Primera salida de Nuestra Señora del Valle en 2013. Lo que aquel Domingo de Ramos era una incorporación
nueva forma hoy parte de la imagen habitual que las generaciones más jóvenes han recibido de la Hermandad.

Una hermandad joven puede llevar encima objetos mucho más viejos

Existe además otra manera de desmontar nuestra idea automática de antigüedad.

En 2009, Padul Cofrade recogía la información disponible sobre el paso entonces utilizado por Nuestro Padre Jesús de la Victoria. Según los datos recabados por Juan Carlos Vázquez Pichardo, procedía de Marchena y podía remontarse a finales del siglo XIX o comienzos del XX, habiendo pasado por varias hermandades antes de llegar a Padul.

La propia fuente utilizaba prudentemente expresiones como «según parece», por lo que conviene mantener exactamente ese grado de certeza.

No necesitamos asegurar más para descubrir la paradoja.

En 2009 la Hermandad tenía ocho años.

El objeto sobre el que procesionaba podía poseer una biografía mucho más larga.

Dentro de una misma cofradía funcionan, por tanto, muchos relojes.

La edad de la institución.

La edad de una imagen.

La de un paso.

La de un bordado.

La de una marcha.

La de una costumbre.

La de un recorrido.

La de las personas.

No tienen por qué coincidir.

Una hermandad antigua puede estrenar casi todo su patrimonio.

Una recién fundada puede incorporar un objeto centenario.

Una costumbre que parece antiquísima puede haber comenzado hace quince años.

En realidad, una procesión se parece menos a una línea cronológica que a una superposición de tiempos.

Sobre una misma calle pueden caminar algo realizado hace seis meses, algo fabricado hace un siglo y una persona que participa por primera vez.

Tal vez por eso palabras como «antiguo», «tradicional» y «familiar» se confundan con tanta facilidad.

No significan exactamente lo mismo.

Los fundadores son todavía una fuente histórica

A los veinticinco años existe una ventaja que una hermandad no conservará indefinidamente.

Se puede preguntar a quienes estuvieron allí.

La investigación contemporánea sobre memoria distingue entre el pasado que todavía circula mediante conversaciones y experiencias compartidas por generaciones próximas y aquel que, con el paso del tiempo, acaba dependiendo cada vez más de textos, fotografías, archivos, objetos o rituales.

La Borriquilla vive ahora justamente en esa zona de solapamiento.

Existe documentación.

Pero existen también personas capaces de decir delante de una fotografía:

«Ese año está mal puesto».

«Él estaba allí».

«Eso se hizo por este motivo».

«Antes habíamos pensado otra cosa».

El documento puede decirnos cuándo.

La memoria puede ayudarnos a comprender por qué.

Cuando ambos coinciden, ganamos precisión.

Cuando discrepan, aparece una pregunta.

Y eso también es conocimiento.

Tener miles de fotografías no significa conservar mejor la memoria

Nuestra época introduce otra paradoja.

Una hermandad nacida en 2001 puede ser una de las primeras generaciones cofrades cuya vida completa haya coincidido con la expansión de la fotografía digital, los teléfonos con cámara, las redes sociales y el almacenamiento masivo.

Debería ser imposible que se perdiera nada.

Pero no es tan sencillo.

Podemos conservar tres mil fotografías y no saber dentro de treinta años quién aparece en ellas.

Podemos guardar cinco copias de una misma imagen y haber perdido el original.

Podemos conocer el día en que fue publicada en una red social y desconocer cuándo fue tomada.

Podemos tener un vídeo y no recordar quién lo grabó.

De ahí una distinción fundamental:

acumular no es archivar.

El archivo empieza cuando recuperamos contexto.

Quién.

Cuándo.

Dónde.

Autor.

Qué estaba ocurriendo.

Qué relación tiene esa imagen con otras.

Y si ese contexto no se incorpora ahora, dentro de cuarenta años puede resultar imposible reconstruirlo.

Una caja enterrada para personas que todavía no conocemos

Pocas escenas explican mejor esta cuestión que la vivida en Padul el 23 de noviembre de 2025.

Aquel día se colocó la primera piedra de la futura Casa de Hermandad de La Borriquilla.

Bajo ella quedó una caja del tiempo.

Dentro se introdujeron, entre otros elementos, el acta de aquella jornada, una estampa de los Titulares, una medalla de la Hermandad, un periódico y mensajes destinados a quienes puedan encontrarlos en el futuro.

Caja del tiempo y elementos simbólicos preparados para la colocación de la primera piedra de la Casa de Hermandad de La Borriquilla de Padul.
Elementos preparados para la colocación de la primera piedra de la futura Casa de Hermandad de La Borriquilla
de Padul, con la caja del tiempo destinada a conservar recuerdos y testimonios de la Hermandad
para las generaciones futuras.

Después comenzó el gesto colectivo de cubrirla con tierra.

Pasaron fundadores.

Hermanos.

Representantes de otras corporaciones.

Costaleros.

Vecinos.

Y al final fueron invitados los niños, que echaron las últimas paladas.

No hace falta buscar una metáfora.

La escena ya la contiene.

Una generación selecciona una parte del presente.

La guarda.

La entierra.

Y otra generación, que probablemente todavía no comprende toda la historia que contiene esa caja, ayuda a entregarla al futuro.

Eso es exactamente lo que hacemos cuando construimos memoria cultural.

Nunca enviamos el pasado entero.

Enviamos rastros.

Y esperamos que alguien pueda interpretarlos.

Hermanos y asistentes participando en el depósito de la caja del tiempo durante la colocación de la primera piedra de la Casa de Hermandad de La Borriquilla de Padul.
Un momento del acto de colocación de la primera piedra de la futura Casa de Hermandad, con la participación
de hermanos y asistentes en el depósito de la caja del tiempo. El gesto convierte la memoria del presente
en un legado pensado para quienes vendrán después.

El mejor legado del XXV podría ser algo que no salga en procesión

El programa del XXV aniversario incluye cultos, formación, música, caridad, celebraciones extraordinarias y una exposición histórica con documentos, fotografías y testimonios.

Naturalmente, las procesiones extraordinarias producirán algunas de las imágenes de mayor difusión.

Pero dentro de cincuenta años puede resultar más valioso otro trabajo mucho menos espectacular.

Identificar fotografías.

Digitalizar originales.

Grabar testimonios.

Ordenar documentos.

Registrar las razones de determinados cambios.

Conservar incluso proyectos que no llegaron a realizarse.

Un Archivo XXV tendría sentido precisamente ahora porque todavía existe la posibilidad de cruzar la documentación con los protagonistas.

No debería limitarse a conservar éxitos.

También tendría que guardar dudas.

Rectificaciones.

Propuestas descartadas.

Cambios de criterio.

Porque conocer solamente lo que finalmente ocurrió produce una historia demasiado limpia.

Las instituciones reales no avanzan en línea recta.

Prueban.

Se equivocan.

Corrigen.

Esperan.

Improvisan.

Aprenden.

Y a veces una decisión nacida simplemente para resolver un problema termina siendo, años más tarde, aquello que alguien llama tradición.

El archivo del futuro no debería conservar únicamente lo que una hermandad hizo. También debería permitir comprender por qué lo hizo y qué otras posibilidades estuvieron alguna vez sobre la mesa.

La tradición empieza bastante antes de volverse antigua

Volvamos entonces a la pregunta inicial.

¿Cuántos años necesita algo para convertirse en tradición?

Probablemente sea una mala pregunta.

No existe una cifra mágica.

La antigüedad sí puede medirse.

El arraigo necesita observarse.

En 2001 hubo que decidir cómo sería La Borriquilla.

En 2007 hubo que realizar una primera salida procesional.

En 2008 todavía estaba comenzando a definirse su Domingo de Ramos.

En 2012 la presencia procesional de Nuestra Señora del Valle pertenecía al futuro.

En 2025 una nueva generación ayudaba a enterrar una caja destinada a otra generación todavía más lejana.

Y en 2026 la Hermandad ha llegado a sus primeros veinticinco años con un programa que combina memoria y futuro.

No han pasado siglos.

No hace falta fingirlos.

Ha ocurrido algo bastante más interesante.

Las decisiones se han repetido.

Las prácticas han sido aprendidas.

Han entrado en las fotografías familiares.

Han creado expectativas.

Han producido recuerdos de infancia.

Hay personas que saben cómo hacer determinadas cosas porque alguien se las enseñó.

Y ya existe una generación para la que La Borriquilla no representa una incorporación reciente a la Semana Santa.

Simplemente forma parte de ella.

Todavía queda, además, quien puede decir:

«Yo recuerdo cuando empezó».

Y a su lado puede estar alguien capaz de responder:

«Pues yo siempre la he conocido».

Entre ambas frases caben solamente veinticinco años.

Pero culturalmente contienen casi todo el proceso mediante el cual una novedad empieza a convertirse en herencia.

Quizá una tradición empiece justamente ahí: cuando todavía queda alguien capaz de recordar su primer día y, a su lado, ya hay alguien incapaz de recordar el mundo anterior.

Nota sobre las fotografías. Las imágenes que acompañan este trabajo proceden del archivo gráfico reunido con motivo del XXV Aniversario de La Borriquilla de Padul. La autoría corresponde mayoritariamente a Francisco Molina Muñoz y Salvador Chaves Fajardo, junto a fotografías cedidas por otros autores. Cuando la identificación individual sea segura, se hará constar en el pie de imagen o en la ficha correspondiente. Nuestro agradecimiento a cuantos han contribuido a conservar y compartir este patrimonio visual.

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FUENTES Y REFERENCIAS

Fuentes locales y documentales

  • Padul Cofrade — ficha histórica de La Borriquilla.
    Para fundación y datos institucionales.
  • El Comarcal de Lecrín — vigésimo aniversario de la Hermandad.
    Para el acta fundacional, identificación de los fundadores y primeras decisiones.
  • Salvador Chaves Fajardo — Evolución de las Hermandades y Cofradías de Padul. Domingo de Ramos.
    Para presentación de 2006, primeras salidas de 2007 y 2008 y primera salida del palio en 2013.
  • Padul Cofrade — documentación de 2009.
    Para los 44 hebreos, 48 costaleros, confección de hábitos y antecedentes atribuidos al antiguo paso.
  • Padul Cofrade — primera piedra de la Casa de Hermandad, 2025.
    Para la caja del tiempo y la participación de las distintas generaciones.
  • Tierra Cofrade — programa del XXV Aniversario, 2026.
    Para el programa conmemorativo y la exposición histórica.

Marco académico e institucional

  • UNESCO — Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial.
    Marco para comprender el patrimonio vivo como una práctica transmitida y recreada.
  • Paul Connerton — How Societies Remember.
    Marco para interpretar repetición, prácticas corporales y transmisión.Jan y Aleida Assmann y estudios posteriores sobre memoria comunicativa y cultural.
    Marco para diferenciar el recuerdo todavía sostenido por personas y conversaciones de las formas de memoria que necesitan textos, fotografías, archivos y rituales para atravesar generaciones.

Nota del autor. Mi vinculación personal con los primeros años de la Hermandad proporciona una proximidad evidente al objeto de este estudio. Esa experiencia se utiliza aquí para formular preguntas y reconocer contextos, no para sustituir al documento. Las fechas, cifras y acontecimientos incluidos en el artículo se han contrastado con fuentes publicadas; allí donde memoria e información documental cumplen funciones diferentes, se ha preservado esa distinción.

La mantendría. En este artículo suma rigor y explica claramente desde qué lugar se escribe.

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