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Madera viva: grietas, movimientos y por qué aparecen «sin que pase nada»

Detalle de una escultura histórica de madera policromada en la que pueden observarse la superficie y el envejecimiento de los materiales.

Por Clara Sanjuan | Tierra Cofrade

EL ALMA DE LA MATERIA · CAPÍTULO 2

Una pequeña grieta puede aparecer en una talla que nadie ha golpeado, que no se ha caído y que aparentemente lleva meses sin moverse de su sitio. Quien la descubre suele formular una pregunta perfectamente lógica: ¿cómo ha podido abrirse si no ha pasado nada?

La respuesta obliga a cambiar nuestra manera de mirar la madera. Aunque ya no esté viva en sentido biológico, continúa siendo un material capaz de intercambiar humedad con el aire y de modificar ligeramente sus dimensiones como consecuencia de ese intercambio. El Canadian Conservation Institute lo explica con claridad: cuando aumenta la humedad ambiental, la madera absorbe agua y se hincha; cuando disminuye, la libera y se contrae. Esos movimientos pueden favorecer deformaciones, separaciones y grietas, especialmente cuando la pieza forma parte de una estructura compleja o tiene otros materiales adheridos sobre ella.

De modo que sí ha pasado algo. Quizá no haya ocurrido un accidente, pero ha cambiado el ambiente; y puede haberlo hecho muchas veces, lentamente, mientras nadie miraba.

Entender esa diferencia es importante porque una grieta no constituye por sí sola un diagnóstico. Puede ser la señal de un deterioro activo que merece atención inmediata, pero también la huella estable de una tensión antigua. La pregunta útil no es únicamente si una escultura tiene grietas, sino desde cuándo están ahí, si están cambiando y qué ocurre alrededor de ellas.

Una escultura parece una sola pieza, pero muchas veces no lo es

Cuando contemplamos una imagen policromada percibimos una unidad. Reconocemos un rostro, unas manos, un torso, un paño. La materia, sin embargo, puede contar una historia bastante más complicada. Muchas esculturas se construyeron mediante bloques de madera ensamblados, piezas añadidas y sistemas de unión que posteriormente quedaron ocultos bajo las capas de preparación y policromía.

Esto significa que debajo de la superficie visible existen fibras orientadas en distintas direcciones, juntas, adhesivos, espigas y zonas con comportamientos mecánicos diferentes. Getty describe los objetos de madera policromada como estructuras compuestas en las que pueden convivir madera, colas animales, yesos o cretas de preparación, pinturas, barnices y otros materiales, cada uno con propiedades y respuestas diferentes frente a la humedad.

La madera añade además una dificultad particular: no cambia de dimensiones de manera uniforme. Su movimiento longitudinal —siguiendo la fibra— es mucho menor que el que se produce transversalmente. Por eso no debemos imaginar una talla que se hace simplemente un poco más grande o un poco más pequeña, como si pudiéramos ampliar o reducir una fotografía. Diferentes zonas reaccionan de manera distinta y, cuando ese movimiento encuentra una restricción, aparecen tensiones.

Una junta entre dos bloques puede empezar a hacerse perceptible. Una fisura antigua puede abrirse ligeramente. Una tabla puede alabearse. La preparación situada encima puede no acompañar exactamente el movimiento del soporte.

En ese momento lo que parecía una superficie única empieza a revelar cómo fue construida.

Una grieta no siempre cuenta la historia de un golpe. A veces cuenta, muy lentamente, la historia del aire.

¿Por qué aparece precisamente ahora?

La edad de una pieza no explica por sí sola el momento en que aparece una alteración. Una imagen puede haber permanecido aparentemente estable durante décadas y mostrar una pequeña abertura después de un invierno, un verano especialmente seco, una reforma del edificio o un cambio de ubicación.

Puede haber cambiado la calefacción, la ventilación o la forma de iluminar la obra. Quizá una puerta permanezca abierta durante más tiempo, se haya instalado aire acondicionado, la imagen haya sido trasladada a otra capilla o el muro próximo presente condiciones diferentes. Incluso sin ninguna modificación extraordinaria, el ambiente interior varía a lo largo de las estaciones.

Aquí la humedad relativa resulta especialmente importante. Los materiales orgánicos tienden a intercambiar humedad con el aire. Cuando las condiciones ambientales fluctúan, la madera absorbe y libera vapor de agua y experimenta pequeños cambios dimensionales. Si esos ciclos son suficientemente intensos o afectan a una estructura especialmente vulnerable pueden aparecer nuevas fisuras o propagarse otras anteriores.

Pero conviene evitar inmediatamente el extremo contrario: variación ambiental no significa automáticamente deterioro.

La investigación del Getty Conservation Institute sobre daño físico inducido por el clima resulta muy interesante precisamente porque está introduciendo matices en modelos demasiado rígidos. Sus experimentos con objetos de madera han detectado fracturación causada por determinadas condiciones climáticas, pero también han observado que fluctuaciones moderadas de humedad relativa no produjeron necesariamente nuevas fracturas ni propagación de grietas en los objetos estudiados.

Esto obliga a abandonar la idea de una cifra mágica capaz de explicar por sí sola el estado de una obra.

Importan la intensidad y velocidad del cambio, pero también el tamaño de la pieza, su espesor, la especie de madera, su construcción, los recubrimientos, los ensamblajes, las restauraciones anteriores y la historia ambiental que arrastra.

El CCI muestra hasta qué punto esas diferencias pueden ser relevantes: el tiempo que necesita un objeto de madera para responder a un cambio ambiental puede variar desde minutos hasta años según su espesor y construcción, y los recubrimientos modifican también esa velocidad de respuesta.

Dos esculturas que comparten una iglesia no tienen por qué reaccionar de la misma forma.

Cuando la madera se mueve, la policromía tiene que negociar con ella

Hasta ahora hemos hablado de la madera, pero una imagen policromada plantea un problema adicional: aquello que vemos está compuesto por materiales distintos superpuestos sobre ese soporte.

Sobre la madera pueden encontrarse telas de preparación, aparejos, yesos o cretas, boles, dorados, películas pictóricas, barnices y materiales incorporados en intervenciones posteriores. El conjunto funciona durante siglos como una arquitectura extremadamente fina en la que cada estrato depende del que se encuentra debajo.

Cuando la madera aumenta o reduce sus dimensiones, esas capas no responden necesariamente en la misma proporción. Getty ha estudiado precisamente cómo los diferentes comportamientos mecánicos de madera, adhesivos, preparación y pintura generan tensiones cuando cambia la humedad relativa.

El CCI describe un fenómeno semejante en pinturas sobre tabla: durante condiciones muy secas, la pérdida de humedad puede provocar contracción de la madera mucho mayor que la experimentada por las capas de preparación y pintura, favoreciendo levantamientos y aberturas de juntas; con humedad elevada, el movimiento puede producir tensiones en sentido contrario.

Por eso, al observar una grieta en una talla, no deberíamos mirar únicamente la anchura de la línea. Importa mucho más lo que está ocurriendo en sus bordes. Una fisura aparentemente pequeña puede ir acompañada de policromía levantada, preparación desadherida o minúsculas escamas en situación frágil. Otra mucho más llamativa puede llevar décadas sin evolucionar.

Lo preocupante no siempre es lo que más se ve.

La grieta y el tiempo: daño existente no significa daño activo

Éste es probablemente uno de los matices más útiles para quien cuida patrimonio.

Getty publicó dentro de un estudio de caso sobre patrimonio religioso de Ámsterdam la situación de varias esculturas históricas de madera. Una de ellas presentaba grietas y separaciones extensas, pérdidas, suciedad y antiguas reparaciones. Sin embargo, la comparación con evaluaciones y fotografías anteriores permitió comprobar que no existían nuevas pérdidas de policromía ni progresión de las grietas desde la inspección precedente. Había daño, pero los indicios disponibles señalaban que no se estaba produciendo un deterioro nuevo en aquel momento.

La diferencia es fundamental.

Una alteración histórica forma parte del estado material de una pieza. Eso no significa que deba celebrarse ni que toda grieta deba permanecer eternamente sin tratamiento. Significa simplemente que existencia y actividad son dos cosas distintas.

Un estudio publicado en 2025 sobre patrimonio de madera del Palace Museum de Pekín ofrece una demostración especialmente interesante. Mediante fotografía y monitorización durante más de quince meses, los investigadores comprobaron que determinadas grietas se abrían y cerraban de manera cíclica y que la humedad del aire era el factor ambiental que mostraba mayor relación con esas variaciones. Sin embargo, las anchuras no mostraron una tendencia general creciente durante el periodo estudiado: aquellas grietas se movían, pero el conjunto permanecía relativamente estable.

La madera puede, por tanto, moverse sin que cada movimiento equivalga a una degradación progresiva.

Para saberlo necesitamos tiempo y documentación.

La fotografía puede ser un instrumento de medida

Aquí vuelve a aparecer una idea del primer capítulo de esta serie: documentar también es conservar.

Si alguien observa una fisura y simplemente piensa que «parece mayor que el año pasado», dispone de una impresión. Puede ser correcta, pero nuestra memoria visual no es un instrumento especialmente preciso.

Una serie fotográfica realizada con método cambia la situación. Conviene fotografiar la misma zona con suficiente resolución, registrar la fecha y conservar una referencia de escala cuando sea posible. Si además se anota dónde estaba la imagen, si había cambiado de emplazamiento o si se produjo algún acontecimiento extraordinario, al cabo de uno o dos años comenzamos a disponer de una pequeña historia material.

El objetivo no consiste en convertir una hermandad en un laboratorio de mecánica de materiales. Basta con transformar una impresión en algo comparable.

En investigación especializada se llega mucho más lejos. El Getty Conservation Institute está utilizando técnicas como la emisión acústica, capaces de registrar la liberación de energía asociada a microfracturas que todavía pueden ser imperceptibles a simple vista. El proyecto combina esos métodos con monitorización ambiental y otras técnicas para determinar bajo qué condiciones se produce realmente daño físico.

La imagen tiene algo de paradoja: durante siglos hemos aprendido a conservar madera mirándola; hoy podemos incluso escuchar procesos que nuestros ojos todavía no ven.

Pero para una hermandad la lección práctica sigue siendo sencilla. Una fotografía comparable tomada hoy puede ser extraordinariamente valiosa dentro de cinco años.

No todas las líneas significan lo mismo

Hay otra confusión frecuente. Utilizamos la palabra «grieta» para fenómenos que pueden tener naturaleza diferente.

Una abertura puede afectar al propio soporte de madera. Otra puede corresponder a una junta entre bloques ensamblados. Puede existir un craquelado únicamente en las capas superficiales, un levantamiento de policromía o una pérdida de adhesión entre estratos que desde cierta distancia se perciba también como una línea.

Distinguirlos corresponde al conservador-restaurador, pero saber que no son equivalentes evita decisiones precipitadas.

Una separación entre dos piezas puede reflejar el comportamiento constructivo del conjunto. Un craquelado superficial puede pertenecer al envejecimiento de las capas pictóricas. Una grieta profunda puede responder al movimiento de la propia madera. Y una pequeña fisura acompañada por levantamientos puede representar más riesgo inmediato que otra mucho mayor y antigua.

Por eso la pregunta «¿es grave?» no puede responderse mirando únicamente el tamaño.

Lo que observamos Qué conviene comprobar Primera respuesta prudente
Grieta conocida desde hace años Si ha cambiado de anchura, longitud o aspecto Fotografiar y comparar con documentación anterior
Fisura aparentemente nueva Fecha de aparición, ubicación y cambios recientes en el entorno Documentar y solicitar valoración profesional
Junta entre piezas más visible Si existe desplazamiento o evolución respecto a fotografías anteriores Evitar forzar o cerrar la unión sin diagnóstico
Policromía levantada junto a una grieta Si existen escamas sueltas o pérdidas recientes Evitar cualquier contacto y avisar a un conservador-restaurador
Fragmento desprendido De qué zona procede y cuándo apareció Conservarlo identificado; no pegarlo con adhesivos domésticos
Cambio después de un traslado o montaje Qué manipulación o condiciones ambientales fueron diferentes Registrar la incidencia para poder relacionarla con futuras observaciones

La tabla no permite diagnosticar una escultura. Sirve para algo más sensato: evitar que la primera respuesta ante una alteración sea manipularla.

La tentación de cerrar lo que vemos abierto

Una grieta produce una reacción casi instintiva. Parece incompleta, antiestética y vulnerable. El ojo quiere que desaparezca y la mano imagina enseguida una masilla, un adhesivo o algún sistema para mantener unidos sus bordes.

Conservador-restaurador realizando un tratamiento sobre una talla histórica de madera policromada.
Una grieta no debe tratarse de manera aislada: soporte, preparación y policromía forman un sistema
material que debe ser estudiado antes de intervenir. Foto: WikiPokos / Wikimedia Commons, CC BY 4.0.

El problema es que una reparación no elimina necesariamente la causa que originó el movimiento.

Si dos zonas continúan intentando cambiar de dimensiones y se introduce entre ellas un material demasiado rígido, la tensión puede trasladarse a otra parte del conjunto. El propio CCI incluye entre las situaciones de mayor vulnerabilidad aquellos soportes de madera con capas pictóricas que puentean juntas o defectos capaces de concentrar tensiones, y advierte de que determinadas reparaciones o sistemas rígidos pueden modificar el modo en que el objeto responde al ambiente.

Esto explica por qué una intervención profesional no empieza preguntándose cómo ocultar una grieta, sino intentando comprender su mecanismo.

¿Está estable?

¿Se mueve?

¿Coincide con un ensamble?

¿Existe pérdida de adhesión?

¿La reparación anterior está generando tensión?

¿El problema procede del soporte o del ambiente?

Solo después tiene sentido decidir qué hacer.

La restauración contemporánea ha aprendido, en buena medida, a desconfiar de las soluciones que aparentemente devuelven orden a una superficie sin comprender primero qué fuerzas actúan debajo.

Cerrar una grieta sin conocer la causa puede mejorar una apariencia y trasladar la tensión a otra parte de la obra.

El calendario de una hermandad también forma parte del problema

Una imagen de culto no pasa todos los meses del año en las mismas condiciones. Ésta es una diferencia sustancial respecto a muchos objetos de museo y enlaza directamente con lo que veíamos en el primer capítulo.

Hay temporadas de relativa tranquilidad y periodos en los que la actividad se concentra. Un traslado al paso, el montaje de cultos, determinados cambios de vestimenta, una exposición extraordinaria, la procesión, el desmontaje posterior y el regreso a su ubicación habitual pueden reunir en pocos días una sucesión de movimientos y condiciones diferentes.

Eso no convierte el uso procesional en enemigo de la conservación. Significa que el uso debe incorporarse a la historia material de la obra.

Si una alteración aparece después de una fecha concreta, merece la pena documentarlo. Si una junta parece cambiar siempre durante una determinada época del año, la coincidencia debe registrarse antes de atribuirle una causa. Si tras un traslado se observa una pequeña variación, conviene conocer cómo se realizó el movimiento y en qué condiciones permaneció la pieza.

El dato aparentemente trivial —«se observó después de Semana Santa»— adquiere valor cuando se repite durante varios años junto a fotografías comparables y registros ambientales.

La conservación preventiva funciona muchas veces así: convirtiendo pequeñas observaciones aisladas en una historia que permite reconocer patrones.

El problema de buscar una humedad perfecta

Cuando se habla de madera aparece enseguida una pregunta: ¿qué humedad debería tener una iglesia?

La respuesta es menos cómoda que una cifra.

El CCI utiliza para determinados tipos de pinturas recomendaciones generales de estabilidad y rangos ambientales, pero su documentación más reciente insiste en que la vulnerabilidad depende del objeto, de su construcción y de su velocidad de respuesta. Un pequeño componente de madera puede reaccionar rápidamente; una pieza gruesa o protegida por determinados recubrimientos puede tardar mucho más.

Por eso colocar un termohigrómetro no convierte automáticamente un espacio en adecuado y trasladar sin estudio un estándar museístico a una iglesia histórica tampoco resuelve el problema.

Importa conocer cómo se ha comportado el edificio, qué condiciones ha experimentado la obra y si se observan procesos activos. También importa evitar extremos y oscilaciones especialmente severas en materiales vulnerables, pero la finalidad no debería ser perseguir obsesivamente una cifra durante todo el año sin comprender qué estamos intentando proteger.

La madera no responde a un número escrito en un manual. Responde a la humedad que intercambia realmente con su entorno y a las restricciones de la estructura en la que ha sido convertida.

Una grieta puede ser también biografía

El patrimonio que recibimos nunca llega completamente intacto. Una escultura antigua puede conservar huellas de construcción, reparaciones, pérdidas, juntas visibles, fisuras históricas y modificaciones realizadas por generaciones anteriores.

Algunas pertenecen al deterioro; otras explican cómo está hecha la obra. Y muchas poseen ambas dimensiones a la vez.

Un caso especialmente ilustrativo es la conservación del Blessing Christ, una escultura española del siglo XIII perteneciente al Saint Louis Art Museum. Antes de su intervención presentaba, entre otros problemas, una gran grieta en el rostro y policromía activamente inestable. El tratamiento diferenció entre aquello que necesitaba estabilización y la decisión estética sobre cuánto debía integrarse visualmente la fisura; una parte menos perturbadora del agrietamiento permaneció visible.

Ese caso recuerda algo importante: conservar no significa necesariamente borrar todas las huellas que el tiempo ha dejado.

Pero tampoco significa convertir cualquier deterioro en «pátina histórica» y abandonar la obra a su suerte.

La frontera está en comprender si una alteración forma parte de una historia material estable o continúa poniendo en riesgo aquello que pretende conservarse.

Ésa es una pregunta técnica, pero también una pregunta sobre autenticidad.

La madera que parece quieta

Quizá después de todo deberíamos desconfiar un poco de la expresión «madera viva». Resulta bella y ayuda a imaginar lo que sucede, pero puede inducir a pensar que el material posee una voluntad propia.

No la tiene.

Lo que conserva es una estructura física extraordinariamente compleja que continúa respondiendo al ambiente mucho después de haber sido convertida en escultura. Esa respuesta depende de cómo creció el árbol, cómo fue cortada la madera, cómo se secó, cómo fue tallada, qué piezas se ensamblaron, qué materiales se depositaron encima y qué ha ocurrido durante los siglos siguientes.

Por eso dos líneas parecidas pueden contar historias diferentes.

Una puede ser la huella inmóvil de un movimiento antiguo. Otra puede estar abriéndose lentamente. Una tercera puede señalar una junta constructiva. Otra quizá empiece a levantar la policromía.

No necesitamos aprender a diagnosticar todas ellas con solo mirarlas.

Necesitamos aprender algo anterior y mucho más útil: no confundir apariencia con actividad.

Cuando observemos una grieta en una imagen, quizá la mejor primera pregunta ya no sea «¿cómo la cerramos?», sino «¿desde cuándo está ahí y sabemos si está cambiando?».

La respuesta puede evitarnos una intervención innecesaria.

O puede avisarnos a tiempo de que una intervención sí es necesaria.

En ambos casos habremos aprendido a escuchar la materia.

El próximo capítulo subirá desde el soporte hasta una superficie mucho más luminosa y, paradójicamente, también mucho más frágil. Hablaremos de oro y bol, de cómo envejece un dorado y de por qué pérdida de brillo, pequeñas abrasiones o cambios de tonalidad no significan siempre que una obra necesite «volver a parecer nueva».

FUENTES Y REFERENCIAS

  • Canadian Conservation Institute — Basic care: Furniture and objects made of wood. Explica el carácter higroscópico de la madera y su expansión y contracción en respuesta a cambios de humedad.
    Consultar CCI: cuidado de objetos de madera
  • Canadian Conservation Institute — Incorrect Relative Humidity. Marco técnico para comprender la diferente vulnerabilidad de objetos de madera y capas pictóricas frente a las fluctuaciones ambientales.
    Consultar CCI: humedad relativa inadecuada
  • Canadian Conservation Institute — Climate Guidelines Overview. Resulta especialmente útil para entender que el tiempo de respuesta de la madera puede variar enormemente según espesor, construcción y recubrimientos.
    Consultar Climate Guidelines
  • Canadian Conservation Institute — Environmental Guidelines for Paintings. Explica las tensiones que pueden surgir entre un soporte de madera y las capas de preparación y pintura que tiene encima.
    Consultar las directrices para pinturas
  • Getty Conservation Institute — Mecklenburg, Tumosa y Erhardt, Structural Response of Painted Wood Surfaces to Changes in Ambient Relative Humidity. Estudio fundamental sobre el diferente comportamiento mecánico de madera, preparación, adhesivos y pintura frente a cambios de humedad relativa.
    Consultar el estudio de Getty
  • Getty Conservation Institute — Monitoring Climate-Induced Physical Damage in Art Objects. Proyecto actual que utiliza técnicas de monitorización, entre ellas emisión acústica, para determinar cuándo las variaciones ambientales producen realmente daño en objetos de madera.
    Consultar el proyecto Getty
  • Getty Conservation Institute — Our Lord in the Attic: A Case Study. Caso especialmente útil para diferenciar grietas existentes de deterioro activo mediante comparación de inspecciones y fotografías.
    Consultar el caso de estudio
  • Zhang et al. — estudio de monitorización de grietas en patrimonio de madera del Palace Museum, 2025. Aporta un caso cuantitativo reciente donde se observa apertura y cierre cíclicos de grietas asociados a la humedad sin una progresión global durante el periodo estudiado.
    Consultar el estudio
  • Institute of Museum and Library Services — conservación del Blessing Christ. Caso de una escultura española medieval de madera policromada con una importante grieta facial y problemas activos de conservación; permite comprender cómo la decisión de estabilizar no implica necesariamente hacer desaparecer todas las huellas materiales.
    Consultar el caso Blessing Christ

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  • Restaurar vs. rehacer: dónde está el límite ético. El trabajo anterior de Clara Sanjuán enlaza directamente con una de las preguntas de este capítulo: qué debemos hacer cuando una alteración existe pero su eliminación puede modificar la historia material de una obra.
    Leer «Restaurar vs. rehacer»
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De este autor...

La madera de una imagen nunca permanece materialmente inmóvil. Absorbe y libera humedad, cambia ligeramente de dimensiones y transmite tensiones a juntas, preparaciones y policromías. Clara Sanjuan explica por qué pueden aparecer grietas «sin que pase nada» y por qué una fisura no es, por sí sola, un diagnóstico.

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