Por Francisco Molina Muñoz | Tierra Cofrade
Una pequeña noticia publicada en 1858 ha obligado a volver sobre una historia que en Padul parecía bien asentada. No para desmontarla, sino para averiguar qué parte pertenece a los documentos, cuál a la tradición y cuánto queda todavía por buscar.
Durante años hemos contado que la Real Feria de Ganado de Padul viene de tiempos de Carlos V. No es una ocurrencia reciente ni una historia que haya aparecido de pronto en una conversación. El propio Ayuntamiento mantiene esa tradición y llegó a explicar, en el programa de 2012, que el emperador había concedido licencia para celebrar anualmente una feria destinada a favorecer la compraventa de animales de labor. La versión ha pasado a programas, noticias y conversaciones con la normalidad que adquieren las historias cuando llevan mucho tiempo entre nosotros.
Yo mismo habría podido comenzar este artículo por ahí. Carlos V, una concesión antigua, más de cinco siglos de feria y después toda la evolución hasta nuestros días. Era una historia redonda. El problema es que, cuando empezamos a buscar el documento que debía sostenerla, no apareció.
En cambio, apareció otra cosa.
Una noticia de apenas unas líneas, publicada el 10 de septiembre de 1858 en La Alhambra: diario granadino, anunciaba la feria de Padul para los días 25, 26 y 27 de septiembre y decía que había sido concedida a la villa «en el año anterior». El ejemplar está identificado en la hemeroteca de la Biblioteca Virtual de Andalucía como el número 420 de aquel periódico. Ese año anterior era 1857. Y el propio texto hablaba de la concurrencia conseguida entonces y de ganaderos y tratantes que habían conocido tarde la convocatoria, de modo que no estamos únicamente ante una autorización sobre el papel: la fuente indica que la feria ya se había celebrado.
Eso es lo que cambió el trabajo.
Una fecha nueva no borra una historia anterior
Lo fácil habría sido sustituir una afirmación por otra. Quitar a Carlos V y colocar 1857. Pero la historia rara vez funciona de una manera tan cómoda.
Que hoy podamos documentar una concesión en 1857 no demuestra que antes de esa fecha no hubiese habido en Padul mercado de ganado, reuniones de tratantes, alguna feria anterior o incluso un privilegio mucho más antiguo. La noticia de 1858 no responde a esas preguntas. Tampoco dice que 1857 fuese el comienzo absoluto de toda actividad ferial.
Lo que sí hace es poner un punto firme donde antes teníamos sobre todo una tradición.
Y aquí aparece una diferencia que me parece mucho más interesante que la discusión sobre quién tenía razón. Una tradición puede estar perfectamente documentada como tradición sin que esté documentado todavía el hecho histórico que esa tradición cuenta. Sabemos que Padul ha atribuido la feria a Carlos V. Eso es un hecho comprobable. Otra cuestión distinta es demostrar que Carlos V concedió efectivamente esa feria y encontrar la cédula, provisión, licencia o privilegio correspondiente.
“La tradición de Carlos V está documentada como tradición. La concesión de 1857 está documentada como hecho. No son la misma clase de prueba y no conviene tratarlas como si lo fueran.”
No encuentro ninguna razón para eliminar a Carlos V del relato. Al contrario: ahora sabemos mejor dónde colocarlo. El Ayuntamiento continúa remontando los orígenes de la feria a su época y el programa municipal de 2012 llegó a formular expresamente aquella supuesta licencia anual. Lo que sigue faltando es fecha concreta, lugar de expedición, archivo, signatura, transcripción o reproducción del documento imperial.
Puede aparecer. Un archivo no deja de guardar algo porque nosotros todavía no lo hayamos encontrado. Pero mientras no aparezca, no deberíamos hacerle decir a Carlos V aquello para lo que todavía no tenemos papel.
Una palabra que nos estaba llevando hacia el lugar equivocado
Hay otro detalle que ha terminado siendo importante. En la noticia de 1858 se dice que la feria había sido «concedida». Es muy fácil leer esa palabra con los ojos de varios siglos anteriores y pensar inmediatamente en un rey firmando un privilegio.
Pero cuatro años antes había cambiado la legislación.
El Real Decreto de 28 de septiembre de 1853 atribuyó a los ayuntamientos la facultad de establecer ferias y mercados. El Tribunal Constitucional, al reconstruir posteriormente los antecedentes de esta materia en su Sentencia 84/1993, recoge expresamente aquel cambio. Por tanto, una feria establecida en 1857 no necesitaba necesariamente una nueva Real Cédula.
Esto no resuelve el caso de Padul, pero cambia bastante la pregunta.
Quizá llevábamos demasiado tiempo buscando hacia arriba cuando parte de la respuesta puede estar mucho más cerca: en un libro de actas municipales, en correspondencia con el Gobierno Civil o la Diputación, en un anuncio del Boletín Oficial de la Provincia, en unas cuentas de aquel año o en algún expediente administrativo que todavía no hemos localizado.
Y eso también explica por qué una investigación histórica no consiste únicamente en encontrar documentos. Antes hay que saber qué documento tiene sentido buscar.
Carlos V no desaparece
La tradición imperial sigue teniendo interés precisamente porque no hemos conseguido cerrarla.
Puede haber existido una feria anterior que después desapareciera y fuese restablecida en 1857. Puede haber habido una autorización antigua que el Ayuntamiento reorganizase bajo el nuevo marco jurídico. Incluso puede ocurrir que la tradición conserve deformado el recuerdo de un privilegio cuyo contenido real fuese diferente de lo que posteriormente se contó.
Todo eso es posible.
Pero posible no significa demostrado.
Las fuentes municipales actuales hablan de Carlos V y el programa oficial de 2012 fue todavía más concreto al atribuirle una licencia anual para la compraventa de animales de labor en Padul y el Valle de Lecrín. Canal Sur recogió igualmente esa tradición en 2022. Ninguna de esas fuentes ofrece, sin embargo, la referencia archivística del supuesto privilegio.
La investigación, además, ha encontrado documentación regia auténtica relacionada con Padul y con distintas épocas. Eso demuestra algo interesante: los archivos sí conservan disposiciones reales sobre la localidad. Pero precisamente por eso hay que evitar un error muy fácil, que sería utilizar cualquier cédula o provisión relacionada con Padul como prueba indirecta de la feria. Cada documento tiene su asunto. Si hubo un privilegio ferial de Carlos V, necesitaremos encontrar ese documento o una copia fiable que remita a él.
Con Carlos III ocurre algo parecido, aunque con bastante menos respaldo. No se ha localizado por ahora una cédula, provisión o privilegio suyo concediendo la feria. Además, habría que explicar cómo encajaría una concesión del siglo XVIII con el texto de 1858 que sitúa otra concesión en 1857. No son hechos imposibles de conciliar, pero para hacerlo necesitaríamos demostrar que lo ocurrido en 1857 fue un restablecimiento o una reorganización de algo anterior. La noticia no lo dice.

Feria de Ganado, aunque el privilegio o licencia imperial que permitiría comprobar documentalmente
esa atribución continúa sin localizarse. Rijksmuseum / Wikimedia Commons, CC0.
Y después está la palabra «Real»
Estamos tan acostumbrados a decir Real Feria de Ganado que el nombre parece haber estado ahí desde el principio.
No es lo que muestran las fuentes localizadas hasta ahora.
En 1858 aparece «Feria del Padul». Las referencias posteriores del siglo XIX y comienzos del XX utilizan fórmulas como «feria de ganados». La crónica de 1937 tampoco emplea el título y el cartel de 1970 conservado por la Biblioteca Nacional está catalogado como Padul: Feria de ganados y fiestas 1970, 24-27. La expresión «Feria Real de Ganados» sí aparece con seguridad en el bloque de prensa comprendido entre 1981 y 1993, aunque todavía queda por fijar su primera utilización exacta.
No sabemos todavía si ese «Real» conserva la memoria de un antiguo privilegio o si se incorporó después como denominación tradicional, histórica u honorífica.
El título, por sí solo, no resuelve la cuestión.
Y aquí vuelve a aparecer algo que sucede con frecuencia cuando investigamos celebraciones antiguas. Un nombre que nosotros recibimos como natural puede tener también su propia historia. A veces estudiamos cuándo nació una fiesta y olvidamos preguntarnos cuándo comenzó a llamarse como la llamamos hoy.

la concesión documentada en 1857 —conocida por la noticia publicada en 1858— de la tradición institucional
que remonta sus orígenes a Carlos V, e incorpora las principales cuestiones que la investigación aún no ha
podido resolver: el posible privilegio imperial, el origen del título «Real» y la localización del expediente de 1857.
Recreación gráfica de Francisco Molina Muñoz / Tierra Cofrade, realizada a partir de los datos del estudio.
La feria que aparece en 1858 no era solamente ganado
La pequeña noticia que ha provocado todo esto ofrece, además, una imagen bastante más rica de aquella feria de la que podríamos esperar.

Española y Americana. La escena no corresponde a Padul; se utiliza como referencia visual de un mercado
ganadero español próximo cronológicamente a la concesión documentada de 1857.
Vicente Urrabieta / Tomás Carlos Capuz. Dominio público. Wikimedia Commons.
Habla de ganaderos y tratantes, de buenas condiciones para las personas, de abundancia de agua, de pastos y del bajo precio de estos. Todo tiene mucho sentido cuando dejamos de pensar en la feria actual y nos situamos en un mundo en el que los animales llegaban caminando o después de desplazamientos lentos, permanecían varios días y necesitaban agua, alimento y espacio mientras se cerraban los tratos.
Pero junto al mercado ya aparece la fiesta.
Para el segundo día se anunciaba una función cívico-religiosa dedicada a San Sebastián; para el tercero, un castillo de fuegos. La banda de música marcial de la villa participaría durante las tardes en el propio mercado. El negocio ganadero y la celebración no eran entonces dos historias independientes que un día terminaron juntándose. En 1858 ya convivían.

una función cívico-religiosa dedicada al santo. Imagen tratada digitalmente a partir
de una fotografía de Francisco Molina Muñoz / Tierra Cofrade.
Eso explica también por qué la fotografía de San Sebastián de Padul encaja en este estudio de una manera que no tendría una imagen genérica de cualquier santo. No estamos decorando el artículo. Estamos colocando delante del lector uno de los elementos que la propia fuente de 1858 incorpora a la feria.
Hay fechas que resisten mejor que los relatos
Si seguimos la historia hacia delante, descubrimos que las formas cambian mucho más que algunas fechas.
Los días 25, 26 y 27 estaban ya en el anuncio de 1858. Más adelante las fiestas se ampliaron, se desplazaron parcialmente e incluso entre 1981 y 1986 las celebraciones populares llegaron a trasladarse a agosto mientras la feria ganadera permanecía en septiembre. Después volvieron a reunirse. En 2012 la programación se extendía del 25 al 29 y la inauguración de la Feria Real de Ganado continuaba el día 25, en Las Eras detrás del Polideportivo. Hoy el Ayuntamiento sitúa el conjunto de la Real Feria de Ganado y Fiestas entre el 24 y el 27 de septiembre.
A veces buscamos la continuidad en los grandes discursos cuando está escondida en algo tan sencillo como una fecha del calendario.
El 25 de septiembre ha sobrevivido a cambios de recinto, programas, gustos, medios de transporte y formas de entender la fiesta.
En 1937 se ve para qué servía realmente una feria
Hay un episodio que ayuda a entender mejor todo lo anterior.
En plena Guerra Civil, la feria volvió a celebrarse los días 25, 26 y 27 de septiembre de 1937. La crónica localizada habla de transacciones considerables pese a las dificultades de transporte y a la escasez de ganado, y menciona compradores y tratantes procedentes de numerosos puntos de la provincia. El programa festivo estaba reducido por las circunstancias, pero los tratos continuaron.
Ese dato dice bastante más sobre la feria que muchas descripciones pintorescas.
Si en un momento semejante podían desaparecer o reducirse festejos y, sin embargo, seguir acudiendo compradores y vendedores, es porque la feria cumplía todavía una función económica necesaria. Allí no se iba únicamente a conservar una costumbre. Se iba a vender, comprar, cambiar y buscar animales imprescindibles para trabajar.
Después cambiaría el campo.
Y con él cambiaría la feria.
Cuando el animal dejó de ser imprescindible
La mecanización redujo poco a poco la necesidad de aquellas grandes concentraciones de caballerías. Tractores, camiones y maquinaria agrícola hicieron innecesario lo que durante generaciones había formado parte del calendario económico de muchas familias.
La feria no desapareció.
Se transformó.
Los programas comenzaron a llenarse de actividades deportivas, actuaciones, gastronomía, concursos, exhibiciones ecuestres y maquinaria. El ganado fue perdiendo peso económico al mismo tiempo que adquiría otro valor: recordaba el origen de la celebración.
Un programa municipal de 2005 lo decía de una manera especialmente gráfica al reconocer que había «más gente que mulos o caballos» y que se hacían muchas más fotografías que tratos. La frase, escrita sin pretensiones de teoría histórica, resume muy bien el cambio: el público estaba empezando a acudir a contemplar aquello que generaciones anteriores habían necesitado para trabajar.
Eso ocurre con muchas tradiciones. Primero sirven para algo y después, cuando desaparece la necesidad que las hizo nacer, empiezan a servir también para recordar.
No permanecen iguales. Si permanecieran exactamente iguales, probablemente estarían muertas.
La memoria no tiene que competir con el archivo
Después de todo este recorrido, sigo pensando que la parte más interesante no es decidir si debemos quedarnos con Carlos V o con 1857.
Esa elección sería demasiado pobre.
La tradición de Carlos V nos cuenta cómo Padul ha entendido y transmitido durante años la antigüedad de su feria. La noticia de 1858 nos proporciona una fecha que podemos documentar. La reforma legal de 1853 nos obliga a revisar qué significaba entonces que una feria fuese «concedida». Los programas, carteles y periódicos posteriores nos permiten seguir cómo cambió su nombre, su calendario y su función.
Cada una de esas fuentes responde a una pregunta distinta.
El problema aparece cuando les pedimos que respondan a todas.
“Investigar una tradición no consiste en quitarle años. Consiste en saber qué parte podemos demostrar, qué parte seguimos buscando y qué parte nos ha llegado porque alguien la recordó y la transmitió.”
Hay algo especialmente sano en poder decir «no lo sabemos todavía».
No sabemos dónde está el documento concreto de 1857. No sabemos si ese expediente citará un antecedente mucho más antiguo. No sabemos cuándo comenzó a utilizarse exactamente la palabra «Real». Y no hemos localizado el privilegio de Carlos V que permitiría convertir la tradición institucional en un hecho documental demostrado.
Eso no hace más pequeña la historia de la feria.
La hace más interesante, porque todavía tiene preguntas.
Quizá algún día aparezca en un archivo una cédula imperial y tengamos que volver a escribir parte de este artículo. O quizá aparezca el acuerdo de 1857 y descubramos que no decía una sola palabra sobre antecedentes anteriores. Las dos posibilidades son buenas noticias para quien investiga.
Mientras tanto, hay algo que sí sabemos. En septiembre de 1858 alguien escribió en un periódico granadino que la feria de Padul había sido concedida el año anterior. Probablemente aquel redactor no imaginó que esa frase volvería a ser leída ciento sesenta y ocho años después.
Pero estaba allí.
Y bastó encontrarla para que una historia que creíamos conocer volviera a tener preguntas.
FUENTES Y REFERENCIAS
- Biblioteca Virtual de Andalucía — La Alhambra: diario granadino, año II, n.º 420, 10 de septiembre de 1858. Fuente primaria que documenta la concesión en «el año anterior», las fechas 25, 26 y 27, la concurrencia anterior y los elementos festivos del programa. Consultar la hemeroteca de septiembre de 1858
- Tribunal Constitucional — Sentencia 84/1993, de 8 de marzo. Su reconstrucción histórica recoge el Real Decreto de 28 de septiembre de 1853 y la atribución a los ayuntamientos de la facultad de establecer ferias y mercados. Consultar la sentencia en el BOE
- Ayuntamiento de Padul — Programa de la Real Feria y Fiestas de 2012. Fuente institucional para la tradición que vincula la feria con Carlos V y para la localización de la feria ganadera en Las Eras. Consultar programa municipal de 2012
- Ayuntamiento de Padul — Fiestas. Mantiene actualmente la tradición que remonta el origen a la época de Carlos V y sitúa la celebración entre los días 24 y 27 de septiembre. Consultar página municipal de fiestas
- Biblioteca Nacional de España — «Padul: Feria de ganados y fiestas 1970, 24-27». El registro permite comprobar la denominación utilizada en el cartel de 1970, sin el adjetivo «Real».
- Cultura de El Padul — «Feria del Padul 1858». Referencia local que identifica la noticia de La Alhambra del 10 de septiembre de 1858 y sus referencias a la feria anterior, San Sebastián, la música y los fuegos. Consultar la referencia histórica
- Canal Sur — «La Real Feria del Ganado de Padul se remonta a la época de Carlos V», 13 de octubre de 2022. Sirve para documentar la pervivencia pública contemporánea de esa tradición, no como prueba del privilegio imperial. Consultar reportaje de Canal Sur
- ADURCAL — Hemeroteca histórica del Valle de Lecrín. Repertorio utilizado para seguir noticias, programas y transformaciones de la feria durante los siglos XIX y XX. Consultar la hemeroteca histórica
TAMBIÉN EN TIERRA COFRADE
- La tradición no es un museo: es una conversación. Complementa directamente este trabajo porque plantea cómo las tradiciones se transmiten, cambian y terminan siendo percibidas como antiguas aunque hayan pasado por numerosas transformaciones. Leer en Tierra Cofrade
- ¿Cuándo deja de ser nueva una tradición? El caso de La Borriquilla de Padul permite observar el proceso contrario: una tradición cuyo comienzo conocemos y que ya está entrando en la memoria de quienes no vivieron su nacimiento. Leer en Tierra Cofrade
- Por qué seguimos mirando a la calle para entendernos. Fotografías, lugares, recuerdos y documentos participan de maneras distintas en la construcción de la memoria colectiva; una cuestión muy cercana a la que aparece en la investigación de la feria. Leer en Tierra Cofrade




