Tierra Cofrade

Retablos cerámicos de San Blas

Azulejo en la fachada de una vivienda

Por Manuel Romero Castillo | Tierra Cofrade

“Un retablo en la calle es una forma de decir: aquí, la memoria no se guarda; se vive.”

1) Qué es (de verdad) un retablo cerámico

Llamamos retablo cerámico —también “panel”, “azulejo devocional” o “capillita”— a la imagen hecha en azulejo y colocada en un espacio público o semipúblico (fachadas, esquinas, portadas, patios accesibles). Su valor no es solo artístico: funciona como señal de identidad, como protección simbólica y como memoria del barrio.

En España, estas piezas se multiplican con fuerza desde los siglos modernos y llegan a una nueva vida en los siglos XIX–XX, cuando talleres y fábricas reactivan repertorios devocionales y ornamentales, adaptándolos a gustos locales y a encargos concretos. (Aquí conviven tradición y “encargo”: fe, oficio y economía).

2) San Blas y su iconografía “de calle”

Retablo cerámico de San Blas en fachada urbana, con el santo vestido de obispo y báculo.
Un “santo en la calle”: el retablo cerámico como fe cotidiana y señal de barrio. Wikimedia Commons, CC BY-SA

San Blas suele aparecer como obispo: mitra, báculo, capa pluvial. A veces porta también símbolos de su martirio o elementos vinculados a su devoción (especialmente la bendición de las gargantas con velas cruzadas, aunque esto se ve más en fotografía contemporánea que en el retablo clásico).

Lo interesante, cuando lo miramos en clave urbana, es lo que la imagen “hace”:

  • Marca un lugar (una esquina, una puerta, un trayecto).
  • Ordena el gesto (mirar, detenerse, persignarse).
  • Fija una historia (el santo y, a la vez, el barrio que lo adopta).
Panel cerámico de Sant Blai con marco ornamental, colocado en fachada de calle.
Devoción y paisaje urbano: cuando la pared se convierte en pequeña capilla pública. Wikimedia Commons, CC BY-SA

3) Jerez de la Frontera: San Blas en la calle San Mateo (Mensaque)

En Jerez encontramos un ejemplo documentado por el inventario de retablos cerámicos: un panel de San Blas ubicado en calle San Mateo, realizado por Mensaque (Taller/firma vinculada a la tradición cerámica sevillana), fechado en torno a 1940 según la ficha recopilada.

Más allá del dato, lo relevante es el “por qué” social: este tipo de piezas, en pleno siglo XX, mantienen viva una forma de religiosidad que no necesita solemnidad interior. Es una devoción a escala humana, pegada a la pared, hecha para el paso diario.

4) Burriana: un San Blas (1925) con firma y estilo propio

El artículo original cita un retablo de Burriana (Castellón), fechado en 1925 y atribuido al ceramista Vicente Abad Navarro.
Y aquí merece la pena añadir contexto: Abad Navarro (1880–1946) está documentado como figura destacada en la cerámica artística valenciana, con trabajo en fábricas y docencia, además de dirección artística y colaboración con talleres relevantes de su tiempo.

Ese “estilo” del que hablaba Manuel Romero —líneas suaves, una versión novedosa del santo— encaja muy bien con lo que ocurre en muchas piezas de la época: devoción sí, pero también modernización del dibujo, cambios en paleta, marcos más decorativos y un santo “más cercano” visualmente.

5) Talavera y el gusto por la escena: San Blas junto a San Gregorio

El tercer ejemplo citado procede del ámbito talaverano y se conserva en el entorno museístico asociado a la cerámica local. Aquí la clave es que el retablo no se limita al “retrato” del santo: puede incorporar escena, paisaje, marco trabajado e incluso pareados devocionales. En estos paneles, la cerámica actúa como pintura mural duradera: resiste, enseña, decora y “habla” al viandante.

Patrimonio humilde, memoria fuerte

Los retablos cerámicos son una de esas cosas que suelen pasar desapercibidas… hasta que faltan. Y cuando faltan, la calle pierde una capa: una pequeña liturgia de barrio, una seña, un modo de decir “aquí nos cuidamos”.

Azulejo devocional de San Blas colocado sobre una puerta, como señal de protección y culto local.
A veces basta un azulejo sobre el dintel: la devoción se vuelve arquitectura.
Wikimedia Commons, CC BY-SA
Azulejo devocional de San Blas colocado sobre una puerta, como señal de protección y culto local.
A veces basta un azulejo sobre el dintel: la devoción se vuelve arquitectura. Detalle.
Wikimedia Commons, CC BY-SA

Si tienes en tu pueblo o ciudad un retablo de San Blas —o de cualquier otro santo de esquina—, escríbenos. En Tierra Cofrade queremos ir componiendo, foto a foto, ese mapa devocional que no sale en los planos: el de la memoria viva.

Referencias y lecturas

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De este autor...

Hay devociones que no se visitan: se tropieza con ellas. En una esquina, sobre una puerta, en la pared soleada de una calle antigua… El retablo cerámico convierte el tránsito diario en una pequeña liturgia civil: mirar, santiguarse, recordar. En el caso de San Blas, protector popular de la garganta y la voz, esa presencia urbana tiene además algo de cuidado compartido: una plegaria breve al paso, una promesa, un “que no falte el aire”.

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