Por Manuel Romero Castillo | Tierra Cofrade
“Un retablo en la calle es una forma de decir: aquí, la memoria no se guarda; se vive.”
1) Qué es (de verdad) un retablo cerámico
Llamamos retablo cerámico —también “panel”, “azulejo devocional” o “capillita”— a la imagen hecha en azulejo y colocada en un espacio público o semipúblico (fachadas, esquinas, portadas, patios accesibles). Su valor no es solo artístico: funciona como señal de identidad, como protección simbólica y como memoria del barrio.
En España, estas piezas se multiplican con fuerza desde los siglos modernos y llegan a una nueva vida en los siglos XIX–XX, cuando talleres y fábricas reactivan repertorios devocionales y ornamentales, adaptándolos a gustos locales y a encargos concretos. (Aquí conviven tradición y “encargo”: fe, oficio y economía).
2) San Blas y su iconografía “de calle”

San Blas suele aparecer como obispo: mitra, báculo, capa pluvial. A veces porta también símbolos de su martirio o elementos vinculados a su devoción (especialmente la bendición de las gargantas con velas cruzadas, aunque esto se ve más en fotografía contemporánea que en el retablo clásico).
Lo interesante, cuando lo miramos en clave urbana, es lo que la imagen “hace”:
- Marca un lugar (una esquina, una puerta, un trayecto).
- Ordena el gesto (mirar, detenerse, persignarse).
- Fija una historia (el santo y, a la vez, el barrio que lo adopta).

3) Jerez de la Frontera: San Blas en la calle San Mateo (Mensaque)
En Jerez encontramos un ejemplo documentado por el inventario de retablos cerámicos: un panel de San Blas ubicado en calle San Mateo, realizado por Mensaque (Taller/firma vinculada a la tradición cerámica sevillana), fechado en torno a 1940 según la ficha recopilada.
Más allá del dato, lo relevante es el “por qué” social: este tipo de piezas, en pleno siglo XX, mantienen viva una forma de religiosidad que no necesita solemnidad interior. Es una devoción a escala humana, pegada a la pared, hecha para el paso diario.
4) Burriana: un San Blas (1925) con firma y estilo propio
El artículo original cita un retablo de Burriana (Castellón), fechado en 1925 y atribuido al ceramista Vicente Abad Navarro.
Y aquí merece la pena añadir contexto: Abad Navarro (1880–1946) está documentado como figura destacada en la cerámica artística valenciana, con trabajo en fábricas y docencia, además de dirección artística y colaboración con talleres relevantes de su tiempo.
Ese “estilo” del que hablaba Manuel Romero —líneas suaves, una versión novedosa del santo— encaja muy bien con lo que ocurre en muchas piezas de la época: devoción sí, pero también modernización del dibujo, cambios en paleta, marcos más decorativos y un santo “más cercano” visualmente.
5) Talavera y el gusto por la escena: San Blas junto a San Gregorio
El tercer ejemplo citado procede del ámbito talaverano y se conserva en el entorno museístico asociado a la cerámica local. Aquí la clave es que el retablo no se limita al “retrato” del santo: puede incorporar escena, paisaje, marco trabajado e incluso pareados devocionales. En estos paneles, la cerámica actúa como pintura mural duradera: resiste, enseña, decora y “habla” al viandante.
Patrimonio humilde, memoria fuerte
Los retablos cerámicos son una de esas cosas que suelen pasar desapercibidas… hasta que faltan. Y cuando faltan, la calle pierde una capa: una pequeña liturgia de barrio, una seña, un modo de decir “aquí nos cuidamos”.

Wikimedia Commons, CC BY-SA

Wikimedia Commons, CC BY-SA
Si tienes en tu pueblo o ciudad un retablo de San Blas —o de cualquier otro santo de esquina—, escríbenos. En Tierra Cofrade queremos ir componiendo, foto a foto, ese mapa devocional que no sale en los planos: el de la memoria viva.
Referencias y lecturas
- Ficha del retablo de San Blas (Jerez, C/ San Mateo) — inventario en RetabloCerámico.
- Vicente Abad Navarro — Museo del Azulejo “Manolo Safont”.
- Texto original (2016) — Padul Cofrade.



