Tierra Cofrade

Cuando la tierra tiembla, Padul saca a la Virgen de los Terremotos

Procesión extraordinaria de la Virgen del Carmen por las calles de Padul.

Por Francisco Molina Muñoz | Tierra Cofrade

La misa de acción de gracias y la procesión extraordinaria de la Virgen del Carmen recuperaron en Padul una memoria nacida tras el seísmo de 1884. Más que una respuesta al temblor, la rogativa volvió a reunir al pueblo ante una incertidumbre compartida.

A las ocho de la tarde del 29 de agosto, la parroquia de Santa María la Mayor de Padul se llenó para una misa de acción de gracias y rogativa presidida por su párroco, don Carlos J. Fernández Peñafiel. Después, la imagen de la Virgen del Carmen —popularmente invocada en el municipio como Virgen de los Terremotos— recorrió de forma extraordinaria las calles del centro.

La celebración llegó tras varias semanas de actividad sísmica en la provincia de Granada, perceptible también en Padul. Sin víctimas en la localidad y con daños leves, la convocatoria quiso expresar gratitud por la protección recibida y pedir serenidad ante una situación que ha alterado, aunque sea de manera intermitente, la vida cotidiana de muchas familias.

Virgen del Carmen de Padul saliendo en procesión extraordinaria tras la misa de rogativa.
La Virgen del Carmen, conocida en Padul como Virgen de los Terremotos,
sale de Santa María la Mayor tras la misa de acción de gracias y rogativa.

Asistieron autoridades municipales, representantes de distintas hermandades y cofradías, además de una multitud de fieles que llenó el templo y se multiplicó después en la calle.

La pregunta no es si la tierra obedecerá

Una rogativa no sustituye a la información, a la prevención ni al conocimiento científico. Tampoco pretende explicar un fenómeno geológico. Su lenguaje es otro: toma una preocupación que cada vecino vive en la intimidad de su casa y la convierte en una petición común, visible y compartida.

El seísmo inquieta porque irrumpe sin pedir permiso. Interrumpe una conversación, mueve una lámpara, despierta a quien dormía o deja durante horas la sensación de que el suelo, aquello que parecía más seguro, puede no serlo tanto. Ante esa experiencia, la comunidad religiosa no ofrece una certeza técnica; ofrece compañía, memoria y un lugar desde el que nombrar el miedo.

Una rogativa no pretende detener la ciencia ni discutir sus explicaciones: busca que nadie tenga que atravesar la inquietud a solas.

La misa y la procesión de Padul tuvieron precisamente ese sentido. La acción de gracias no fue una celebración ingenua de lo ocurrido, sino el reconocimiento de que no hubo que lamentar pérdidas humanas en el municipio. La rogativa, a continuación, puso en manos de la Virgen del Carmen el deseo de que cesen los movimientos y vuelva la normalidad.

La música contribuyó a sostener ese clima de recogimiento. María del Pilar García Morillas, profesora de Música, acompañó la liturgia al órgano con una selección de piezas sacras que dio profundidad a la celebración sin convertirla en espectáculo. El instrumento, una de las piezas singulares del patrimonio parroquial, fue donado por el Conde de la Villa de Padul y construido a comienzos del siglo XX por el organero alemán Pedro Ghys Guillemín; su reciente restauración permitió devolver a la iglesia una voz que enlaza generaciones, celebraciones y silencios.

Intérprete al órgano de la iglesia de Santa María la Mayor de Padul durante la misa de rogativa.
El órgano parroquial acompañó la celebración con la interpretación de María del Pilar García Morillas.

La participación en la iglesia dejó una primera imagen de la jornada: un templo lleno de vecinos que, desde sensibilidades distintas, compartían una misma preocupación y una misma voluntad de agradecer.

Fieles congregados en Santa María la Mayor de Padul durante la misa de acción de gracias y rogativa.
La iglesia parroquial reunió a numerosos vecinos durante la misa de acción de gracias y rogativa.

La memoria local de 1884: tradición, historia y precisión

La devoción paduleña a la Virgen del Carmen como Virgen de los Terremotos se relaciona con el gran terremoto del 25 de diciembre de 1884. La tradición local, recogida por el Ayuntamiento de Padul, vincula la procesión anual del 26 de diciembre al recuerdo de la protección atribuida a la Virgen durante aquella catástrofe.

Conviene precisar el marco histórico. El episodio no tuvo su epicentro en Albuñuelas, aunque esa localidad fue una de las más castigadas: el Instituto Geográfico Nacional identifica el seísmo como el terremoto de Arenas del Rey, ocurrido la noche de Navidad de 1884 y estimado en una magnitud de 6,5. Sus efectos alcanzaron a más de un centenar de poblaciones granadinas y malagueñas, con centenares de fallecidos, miles de heridos y una destrucción material enorme.

La memoria de Padul no nace, por tanto, de una leyenda aislada de los hechos, sino de una catástrofe real que dejó una huella profunda en toda la provincia. Lo que pertenece al terreno de la tradición es la formulación concreta de la protección recibida y el modo en que esa experiencia se fijó en la devoción carmelita local.

La Virgen de los Terremotos no es solo una advocación: es una forma de conservar en el calendario una experiencia límite vivida por los pueblos del entorno.

Las fuentes consultadas permiten afirmar esa relación conmemorativa entre el 26 de diciembre, la Virgen del Carmen y el terremoto de 1884. Sin embargo, no bastan por sí solas para fijar la fecha exacta ni la fórmula documental con la que pudo formalizarse un eventual voto colectivo. Esa investigación exigiría localizar y estudiar actas parroquiales y municipales de la época.

El ritual de reunir lo que el miedo dispersa

Las rogativas han acompañado históricamente a las comunidades ante sequías, epidemias, temporales, plagas o desgracias públicas. Su función no se limita a la petición religiosa. Son también una forma de ordenar emocionalmente una crisis: congregan, crean un itinerario común, permiten compartir el silencio y dan una expresión pública a aquello que preocupa.

En Padul, esa dimensión fue evidente desde antes de que la Virgen cruzara la puerta de Santa María la Mayor. El templo reunía a personas de edades, sensibilidades y trayectorias diferentes; en la calle se sumaron muchos más vecinos. La procesión convirtió el centro del pueblo en un espacio de presencia compartida: la imagen avanzaba, las casas se abrían, los encuentros se producían y la inquietud dejaba de ser exclusivamente doméstica.

Cuando una comunidad sale a la calle con su memoria, no niega lo que ha ocurrido: decide que lo ocurrido no la encuentre dispersa.

Procesión extraordinaria de la Virgen del Carmen por las calles de Padul.
La rogativa recorrió las calles del centro de Padul como gesto de gratitud, petición y acompañamiento comunitario.

La procesión no llega tarde a la ciencia

En tiempos de redes sociales, avisos instantáneos y mapas sísmicos actualizados, podría parecer que una rogativa pertenece a un mundo superado. Pero esa oposición es falsa. La ciencia describe, mide y ayuda a prevenir; la celebración religiosa atiende a otra necesidad: la de convertir la incertidumbre en cuidado mutuo.

La información oficial sobre los movimientos sísmicos es imprescindible. También lo son las recomendaciones de prevención y la calma responsable. La procesión extraordinaria no compite con nada de ello. Añade una capa humana y comunitaria a una situación que, de otro modo, puede vivirse entre rumores, alertas de teléfono y conversaciones inquietas.

La prevención protege los cuerpos; la comunidad también necesita proteger sus vínculos.

Por eso la presencia de la Virgen del Carmen por las calles de Padul tuvo un valor que va más allá de la excepcionalidad devocional. La imagen salió como signo de intercesión para los creyentes, pero también como emblema de continuidad para el municipio: una manera de decir que, ante la preocupación, el pueblo conserva recursos para reunirse, agradecer y esperar.

Del temblor al archivo de la memoria

Las imágenes y vídeos de esta jornada no deberían quedarse únicamente en la inmediatez de las redes sociales. Dentro de décadas, ayudarán a explicar cómo respondió Padul a este episodio sísmico: quiénes estuvieron, cómo se llenó el templo, qué rostro tuvo la procesión y de qué modo una tradición del siglo XIX siguió hablando a un pueblo del siglo XXI.

Vecinos acompañando de noche la procesión extraordinaria de la Virgen del Carmen en Padul.
La procesión avanzó al anochecer acompañada por una multitud de vecinos.

Ese es quizá el sentido más profundo de documentar bien una rogativa. No para convertirla en una postal ni para idealizarla, sino para dejar constancia de que la religiosidad popular sigue siendo capaz de activar memoria, cuidado y pertenencia. El futuro podrá discutir sus formas, pero no debería ignorar lo que estas celebraciones revelan: que, cuando todo parece moverse, una comunidad busca también dónde afirmarse.

Fotografías y vídeo: Francisco Molina Muñoz y Francisco Antonio Machado Molina.

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La reciente actividad sísmica registrada en la provincia de Granada motivó en Padul la celebración de una misa de acción de gracias y rogativa en la parroquia de Santa María la Mayor, seguida de la salida procesional extraordinaria de la Virgen del Carmen (popularmente llamada Virgen de los Terremotos).

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