Francisco Molina Muñoz | Tierra Cofrade
Del comienzo casi doméstico de 2001 a la nueva Casa de Hermandad, la exposición de un cuarto de siglo y las jornadas extraordinarias de Nuestro Padre Jesús de la Victoria y Nuestra Señora del Valle. Octubre de 2026 ha mostrado a muchos aficionados al mundo cofrade una realidad que Padul llevaba veinticinco años construyendo.
Hay aniversarios que sirven simplemente para poner una cifra redonda junto al nombre de una institución. Otros, sin embargo, obligan a detenerse, mirar alrededor y descubrir que el tiempo ha ido dejando muchas más cosas de las que uno alcanzaba a percibir mientras estaban ocurriendo.
Eso es, en buena medida, lo que ha sucedido durante este 2026 con la Hermandad de Nuestro Padre Jesús de la Victoria y Nuestra Señora del Valle, La Borriquilla de Padul.
Veinticinco años no convierten a una hermandad en una corporación antigua. Tampoco hace falta pretenderlo. Lo verdaderamente interesante de este aniversario es precisamente lo contrario: todavía viven y participan quienes estuvieron en los comienzos, mientras a su lado hay jóvenes para los que el Domingo de Ramos de Padul siempre ha tenido una Borriquilla, un Señor de la Victoria y una Virgen del Valle.
Entre unos y otros cabe toda una historia.
Desde que el pasado mes de julio comenzara públicamente la celebración del XXV Aniversario Fundacional, los actos han ido componiendo algo más que un calendario. Primero hubo que explicar qué se celebraba y cómo se quería hacer. Después llegaron las fotografías y los documentos, la nueva Casa de Hermandad, la entrada de los Titulares en ella y, finalmente, dos jornadas extraordinarias que han permitido contemplar de una manera diferente cuanto se ha conseguido en este primer cuarto de siglo.
El domingo 11 de octubre, Nuestro Padre Jesús de la Victoria protagonizó una jornada de trece horas que comenzó entre niños y velas, continuó con una Eucaristía de Acción de Gracias y terminó con una entrada que será difícil olvidar.
El sábado 24, Nuestra Señora del Valle tuvo su propia salida extraordinaria, con una noche de calles estrechas, música, flores, una cuadrilla de costaleras que ofreció una magnífica demostración de su trabajo y numerosos visitantes que descubrían por primera vez el patrimonio y la vida procesional de La Borriquilla.
Alrededor de ambos acontecimientos hubo cámaras, retransmisiones, publicaciones en redes sociales y una atención que sorprendió incluso a quienes llevamos muchos años vinculados a la corporación.
Pero sería un error comenzar a contar esta historia por su parte más espectacular.
Para entender lo sucedido en octubre de 2026 conviene regresar a un momento en el que todavía no existía prácticamente nada de cuanto hoy conocemos.
Cuando casi todo estaba todavía por decidir
La fecha fundacional de la Hermandad quedó fijada en el 29 de mayo de 2001.
Aquel día, Andrés Rejón Sánchez, Santiago Bueno Rejón y quien firma estas líneas pusimos por escrito las bases iniciales de una nueva Hermandad. Hubo que decidir advocaciones, colores, escudo, jornada procesional y cuestiones que hoy pueden parecer inseparables de la corporación, pero que entonces eran solamente posibilidades entre las que había que escoger.
El paso del tiempo tiene una curiosa capacidad para hacer desaparecer las alternativas. Cuando algo lleva años repitiéndose, parece que siempre tuvo que ser así.
No fue así.
Hubo dudas, propuestas, cambios y decisiones tomadas muchas veces con bastante menos solemnidad de la que después adquieren cuando alguien las incluye en una cronología.
Tampoco partíamos de una hermandad dotada de imágenes titulares, pasos, enseres, cuadrillas y una estructura perfectamente organizada. Todo aquello habría que construirlo poco a poco, buscando apoyos, afrontando dificultades y aprendiendo sobre la marcha.
La Hermandad pasó varios años existiendo sin que la calle pudiera contemplarla como hoy la conocemos.
Los días 8 y 9 de abril de 2006 se presentaron públicamente las imágenes y el primer paso de Nuestro Padre Jesús de la Victoria en el Centro Cultural Federico García Lorca. En 2007 llegó la primera salida procesional del Señor y, un año después, en 2008, comenzó el Domingo de Ramos que terminaría identificando a La Borriquilla.
A veces se olvida todo lo que ocurre antes de una primera salida. La fotografía del paso en la calle es mucho más visible que las reuniones, cuentas, trámites, encargos, ensayos, decisiones y problemas que hicieron posible que aquella puerta llegara a abrirse.
Por eso aquellos primeros años tienen hoy un valor especial. Todavía pueden ser explicados por quienes los vivieron y, al mismo tiempo, empiezan a parecer lejanos a quienes llegaron después.
Toda tradición tuvo alguna vez un primer día. Veinticinco años después, muchas de aquellas decisiones que en 2001 estaban todavía por tomar forman parte con naturalidad del Domingo de Ramos de Padul.
Nuestra Señora del Valle siguió su propio camino. Lo que durante un tiempo había sido proyecto se convirtió en realidad procesional en 2013, con su primera salida bajo palio.
Hoy han pasado trece años.
Para muchos niños y adolescentes de Padul, la Virgen del Valle bajo palio no representa una incorporación reciente. Forma parte sencillamente de lo que han conocido.
Ese quizá sea uno de los cambios más profundos que puede experimentar cualquier tradición: cuando deja de necesitar una explicación para quienes la reciben.
Una historia que también está hecha de pequeñas cosas
Veinticinco años terminan llenándose de episodios que en su momento parecían secundarios y que después ayudan a entender mejor el conjunto.
Uno de ellos está subido a una palmera.
La imagen de Zaqueo, obra de Israel Cornejo, forma parte del misterio procesional de Nuestro Padre Jesús de la Victoria. Sin embargo, antes incluso de ocupar su lugar en las calles de Padul tuvo un destino singular.
En marzo de 2022, La Borriquilla cedió la imagen para el altar dispuesto sobre el escenario del Teatro Isabel la Católica de Granada con motivo del Pregón Oficial de la Semana Santa, pronunciado por Emilia Cayuela.
La escena tiene hoy algo de anticipación.
Antes de mirar al Señor desde la palmera durante un Domingo de Ramos en Padul, aquel Zaqueo ya había contemplado desde el escenario del Isabel la Católica a buena parte del mundo cofrade granadino.
Son episodios menores si se comparan con una fundación, una primera salida o la construcción de una Casa de Hermandad, pero contribuyen a dar espesor a una historia.
Porque una hermandad nunca está hecha únicamente de grandes hitos.
Está hecha también de personas que permanecen, de otras que llegan, de decisiones que en su momento parecieron pequeñas y de trabajos cuyo resultado se aprecia muchos años después.
El 23 de julio comenzó públicamente el aniversario
El 23 de julio de 2026, los salones parroquiales acogieron la presentación pública del XXV Aniversario.
Hacía calor. Mucho.
No era precisamente una de esas mañanas que invitan a salir de casa, pero la convocatoria reunió a hermanos, vecinos, representantes institucionales y personas vinculadas a la Hermandad.
El hermano mayor, Andrés Rejón Sánchez, presentó el programa de actos y el logotipo diseñado por Cristóbal Juárez Soto.
Aquel diseño reunió elementos reconocibles para la corporación: la cruz de ocho puntas, el anagrama mariano, la palma, el olivo y el lema «Christus Vincit», junto a la cifra que acompañaría buena parte de lo que iba a suceder durante los meses siguientes.
El programa, sin embargo, quiso ir bastante más allá de dos salidas extraordinarias.
Había cultos, formación, música, caridad, actividades con los niños y propuestas destinadas a revisar estos primeros veinticinco años.
La idea era sencilla: celebrar, pero también explicar cómo se había llegado hasta aquí.
Treinta y cinco composiciones y miles de fotografías
En septiembre llegó el momento de abrir los archivos.
Durante años había ido guardando miles de fotografías. Algunas fueron tomadas pensando expresamente en dejar constancia de un acontecimiento. Otras estaban allí sencillamente porque alguien llevaba una cámara aquel día.
Cuando pasan veinte o veinticinco años, esa diferencia empieza a perder importancia.
Una fotografía que en 2008 parecía simplemente una imagen más puede mostrar hoy cómo era un paso, quién formaba una cuadrilla, cómo se vestía una imagen, qué aspecto tenía una calle o quién estaba presente en una actividad que nadie pensó entonces que algún día habría que reconstruir.
De ese material surgió la exposición organizada con motivo del aniversario.
Treinta y cinco composiciones fotográficas ocuparon el patio interior del Ayuntamiento de Padul.
Prepararlas no consistió solamente en elegir imágenes bonitas. Hubo que buscar fechas, identificar personas, comparar fotografías, reconocer lugares y decidir qué episodios podían explicar mejor la evolución de la Hermandad.
Aparecían los primeros años, los Titulares, los pasos, los ensayos, los costaleros, las costaleras, las primeras salidas, los estrenos, actividades culturales, años difíciles y escenas mucho más cercanas.
Había fotografías procedentes fundamentalmente de mi archivo personal, reunido durante estos veinticinco años, junto a otras facilitadas por la propia Hermandad y por diferentes autores.
Lo interesante estaba también delante de las láminas.
Personas señalando una cara. Alguien reconociéndose muchos años más joven. Otro intentando recordar quién estaba junto a él. Una fecha discutida. Un nombre que aparecía de pronto.
Ese tipo de conversación no figuraba en ninguna cartela, pero formaba parte de la exposición tanto como las imágenes.
Las fotografías habían dejado de ser solamente fotografías.
Estaban provocando conversación.
Y eso también era importante en una celebración que pretendía recordar el camino recorrido.
Una Casa de Hermandad que llevaba años esperándose
Mientras en el Ayuntamiento se recorría el pasado mediante fotografías, la Hermandad estaba terminando uno de sus proyectos más importantes.
La nueva Casa de Hermandad de la calle Pintor Julio García Villena, número 23, llevaba mucho tiempo imaginándose.
El 23 de noviembre de 2025 se había colocado la primera piedra. Bajo ella quedó una caja del tiempo con documentos y objetos relacionados con la corporación, pensando en unas personas que algún día puedan abrirla.
La escena terminó con niños echando las últimas paladas de tierra.
Era un gesto sencillo, pero difícilmente podía encontrarse otro mejor para expresar lo que se pretendía.
Quienes habían recorrido buena parte del camino guardaban algunos testimonios del presente y quienes apenas comenzaban a conocer la Hermandad ayudaban a cubrirlos.
Menos de un año después, el edificio estaba prácticamente terminado.
Había paredes blancas, un gran portón y una campana coronando la fachada.

Y, sobre todo, había espacio.
Espacio para los pasos, para los enseres, para trabajar, para reunirse y para dejar de depender de soluciones provisionales que durante años habían formado parte de la vida cotidiana de la corporación.
Pero una casa no empieza verdaderamente a serlo cuando termina la obra.
Necesita personas, actividad y, en este caso, necesitaba también a sus Titulares.

Y si aquella nueva Casa de Hermandad pudo abrir sus puertas a tiempo para los actos extraordinarios del aniversario, fue gracias también a una labor colectiva que merece ser reconocida. Bajo la responsabilidad y coordinación del hermano mayor, Andrés Rejón Sánchez, numerosos hermanos y colaboradores dedicaron incontables horas a los trabajos necesarios para concluir las instalaciones, acondicionar los espacios y dejarlo todo dispuesto para recibir a los Titulares. A ese esfuerzo se sumó el de los equipos de priostía, encargados de preparar los pasos, limpiar y disponer los enseres y atender una larga relación de detalles que pocas veces llegan a conocerse fuera de la Hermandad. Mujeres y hombres, jóvenes, mayores e incluso niños participaron en diferentes tareas, cada uno dentro de sus posibilidades, aportando su tiempo y sus manos para que todo estuviera preparado. Muchas de esas personas no aparecen en las fotografías de los grandes momentos, ni sus nombres figuran en los programas, pero sin ellas difícilmente se habría podido celebrar el aniversario como se hizo. La nueva Casa de Hermandad y cuanto sucedió durante aquellas jornadas fueron también el resultado de ese trabajo discreto, generoso y compartido, que constituye una parte esencial de la vida de cualquier hermandad.
El viernes 9 de octubre, un ensayo acabó convirtiéndose en otra cosa
El viernes 9 de octubre, la cuadrilla del Señor realizaba uno de sus ensayos.

Al terminar, el paso fue llevado hasta la nueva Casa de Hermandad.

Puede parecer un detalle menor frente a todo lo que ocurriría después, pero fue la primera entrada del paso en el edificio que a partir de entonces debía acogerlo.
No hubo necesidad de convertir aquel momento en una ceremonia solemne.
Precisamente por eso tiene interés.
Hay instantes que adquieren importancia después.
Aquel ensayo terminó atravesando una puerta nueva.
Y la Casa de Hermandad comenzó a cumplir la función para la que había sido construida.

El sábado 10, la campana sonó por primera vez
Al día siguiente llegaron los Titulares.
La fachada estaba iluminada de blanco y el gran portón abierto.
Sobre ella, la campana sonó por primera vez.
Nuestro Padre Jesús de la Victoria y Nuestra Señora del Valle llegaron hasta la nueva sede desde la parroquia de Santa María la Mayor, donde el párroco de Padul, don Carlos José Fernández Peñafiel, procedió a la bendición de la Casa de Hermandad.
Después entraron las imágenes.
Durante años se había hablado de obras, proyectos, distribución de espacios, permisos y necesidades. En unos minutos todo aquello adquirió otro significado.
Ya no era únicamente un edificio nuevo.
Dentro estaban los Titulares.
La luz blanca de la fachada, el sonido de la campana, el portón abierto y la entrada de las imágenes dejaron una escena que probablemente seguirá apareciendo muchas veces cuando se recuerde este aniversario.
Al día siguiente esa misma puerta iba a volver a abrirse.
Pero en sentido contrario.
El domingo 11 de octubre: los niños delante del Señor
La jornada tenía un lema:
«Dejad que los niños se acerquen a mí».

A las diez de la mañana, la presencia infantil no era simbólica.
Los niños estaban allí.
Muchos llevaban velas y algunos caminaban acompañados de sus padres. Presidían buena parte del traslado y convertían aquella primera salida desde la nueva Casa de Hermandad en una imagen especialmente significativa.
Cuando la Hermandad nació en 2001 ninguno de ellos había nacido.
Veinticinco años después estaban delante del Señor.
El paso inició su recorrido tras una emotiva llamá del hermano mayor, Andrés Rejón Sánchez.
La campana de la nueva Casa de Hermandad volvió a sonar, anunciando la primera salida del Señor de la Victoria desde aquel edificio que apenas acababa de comenzar a formar parte de la historia de La Borriquilla.
El traslado de ida se realizó en silencio.

El cuerpo de capataces estaba formado por nombres conocidos dentro de la cuadrilla: Francisco Pérez Buendía, Nicolás Merlo Valero, Miguel Ángel Sánchez Atienza y Agustín García Morales.
A lo largo de los años, la cuadrilla ha ido desarrollando una forma propia de llevar el misterio, reconocible para quienes la siguen habitualmente.
No es necesario buscar parecidos ni convertir esa característica en una proclama. Las cuadrillas, como tantas otras cosas dentro de una hermandad, van creando su lenguaje con el tiempo.
Un ensayo modifica algo. Una salida confirma otra cosa. Se corrige, se aprende y llega un momento en que determinados movimientos empiezan a resultar naturales para quienes van debajo.
El pueblo, sus hermandades y un recorrido diferente
El traslado matinal ofreció la posibilidad de recorrer lugares que el Señor no acostumbra a visitar de aquella manera durante el Domingo de Ramos.
La Hermandad quiso compartir la celebración con otras corporaciones de Padul, pasando por las inmediaciones de distintas casas de hermandad y encontrando a su paso representaciones y hermanos de otras cofradías.
No todas las sedes podían incorporarse al itinerario.
La ubicación de la Casa de Hermandad de la Fraternidad y las características de las calles hacían inviable llegar hasta ella sin desviar considerablemente el recorrido previsto.
Eso no significó su ausencia del aniversario.
Las hermandades de Padul estuvieron representadas y acompañaron la celebración, participando de una jornada que, aunque organizada por La Borriquilla, había adquirido una dimensión compartida dentro de la vida cofrade de la localidad.
Es también una de las características de Padul.
Las distintas corporaciones conservan su personalidad y sus propias tradiciones, pero determinados acontecimientos terminan convirtiéndose en ocasiones para mostrar el vínculo que existe entre ellas.
Y aquel aniversario era una de esas ocasiones.
Los jardines cambiaron por completo la imagen del paso
La mañana llevó al Señor por las casas de hermandad de la Flagelación y el Nazareno antes de alcanzar uno de los puntos que más comentarios provocaría durante toda la jornada.
Los jardines de la Estación.
Hasta aquel momento ningún paso procesional había utilizado aquel espacio de aquella manera.
Al entrar, la perspectiva cambió.
Desaparecieron durante unos momentos las fachadas cerrando la escena y aparecieron la arboleda, los grandes plátanos, el espacio abierto y Sierra Nevada al fondo.
Se escuchó entonces uno de esos comentarios pronunciados casi para uno mismo, sin pensar que pudiera estar oyéndolo quien caminaba cerca:
—Esto parece la Carrera de la Virgen cuando pasa una procesión por delante de la Virgen de las Angustias.
No era una comparación exacta y tampoco pretendía serlo.
Se refería al efecto. A los árboles. A la perspectiva. A la manera en que el paso quedaba enmarcado.
Y después apareció el sol.

El paso de Nuestro Padre Jesús de la Victoria, al que dentro de la Hermandad se ha denominado en más de una ocasión «el blindado de plata», comenzó a reflejar la luz de una forma difícil de apreciar durante sus salidas habituales.
La plata parecía encenderse.
Quienes lo habían visto muchas veces de noche se encontraban ante una imagen distinta.
Había momentos en que el brillo obligaba casi a entrecerrar los ojos.

Y todavía faltaba el incienso.
Los acólitos fueron creando delante del misterio una nube cada vez más densa. Cuando los rayos del sol comenzaron a atravesarla entre los árboles, el efecto llegó a ocultar parcialmente el paso.
La escena cambiaba a cada pocos metros.
Por momentos se distinguía perfectamente el conjunto. Después el humo lo cubría casi por completo. Entonces aparecía la luz atravesando el incienso y devolviendo poco a poco las siluetas de las imágenes.
No había nada preparado para producir aquel efecto.
Sucedió.
Precisamente por eso llamó tanto la atención.

el paso del misterio por los jardines de la Estación.
Fotografía editada para Tierra Cofrade.
Se escuchaban comentarios sin necesidad de preguntar a nadie.
«Esto es muy grande».
«Yo esto no lo conocía».
Alguno se acercó al que esto escribe para expresarlo directamente. Otros lo decían entre ellos, sin saber que alrededor había personas vinculadas a la Hermandad escuchándolos.
Esa diferencia tiene su importancia.
Una cosa es el comentario amable que alguien hace cuando sabe con quién está hablando. Otra es lo que dice cuándo cree que nadie relacionado con aquello lo está oyendo.
Y aquella mañana había sorpresa verdadera.
Hubo momentos en los jardines en que la nube de incienso ocultaba casi por completo el paso. El sol atravesaba el humo entre los árboles y la plata aparecía y desaparecía dentro de la luz, ofreciendo una imagen del Señor de la Victoria que muchos no habían visto nunca.
El cuidado de las imágenes y un exorno pensado para la ocasión
Las imágenes del misterio iban vestidas por Miguel Ángel Padilla Pérez, responsable habitual de esta labor en la Hermandad.
En un paso con tantos personajes, vestir no consiste simplemente en colocar telas. Los colores, volúmenes y movimientos tienen que convivir dentro del conjunto sin quitar protagonismo a la imagen central.
Y aquella mañana, con una luz tan poco habitual para el misterio, todos esos detalles quedaban mucho más expuestos.
También el exorno floral había recibido una preparación especialmente cuidadosa.
Fue realizado por los hermanos José Ángel González Lebrón y Francis González Lebrón, a quienes corresponde reconocer una parte importante del trabajo ornamental de aquella jornada.
La composición reunió Anthurium Libra y Maxima Elegance, lisianthus blanco, lilium blanco, cymbidium amarillo, alstroemeria naranja, rosas Atomic, High Magic y Esperance, hipérico plata, claveles de tonos melocotón y crema, tulipán blanco y eucalipto cinerea.
Era una combinación de blancos, amarillos, naranjas y tonalidades suaves que acompañaba la escena del misterio sin competir con ella.
Además, aquel exorno tendría que convivir con dos iluminaciones muy diferentes: la de una mañana de octubre, cuando el sol hacía brillar la plata del paso, y la de una noche en la que los candelabros terminarían definiendo buena parte de su presencia.
No fue un trabajo menor.
Los nombres de quienes lo realizaron merecen figurar en la crónica, porque la historia de una procesión también la construyen quienes preparan todo aquello que después el público contempla durante unas horas.
De los jardines a una carpa municipal convertida en iglesia
El traslado continuó hasta la Plaza de la Constitución, pasando junto al Ayuntamiento y la zona del mamut antes de entrar en la Carpa Municipal.
Allí la Hermandad había preparado un altar para la celebración de la Misa de Acción de Gracias por el XXV Aniversario Fundacional.

A las doce del mediodía comenzó la Eucaristía, presidida por el párroco, Carlos José Fernández Peñafiel.
Buena parte de los niños que habían acompañado al Señor durante la mañana permanecieron en la celebración y varios de ellos participaron en las peticiones.
El coro parroquial puso la música.
La carpa, que otros días acoge actividades completamente distintas, había cambiado de función por unas horas.
El paso presidía la celebración.
Delante había hermanos, vecinos, autoridades, invitados y personas que simplemente habían seguido el traslado y decidieron quedarse.
La homilía tuvo también momentos de cercanía.
Don Carlos introdujo algunas referencias inesperadas que provocaron sonrisas entre los asistentes. Entre ellas apareció la conocida frase publicitaria de «Busque, compare y, si encuentra algo mejor, cómprelo», y también una alusión a «A quién le importa», de Alaska, llevadas al contexto del Evangelio de aquella jornada.
No rompieron la celebración.
Al contrario.
Ayudaron a acercar el mensaje a quienes estaban escuchando.
Es fácil que esos detalles desaparezcan cuando una crónica se limita a señalar quién presidió una misa y a qué hora comenzó.
Pero quienes estuvieron allí probablemente recuerden también aquello.
A las cuatro y media comenzó otra jornada dentro de la misma jornada
A las 16:30 horas se inició el traslado extraordinario de regreso.
Conviene precisar este horario, porque algunas infografías y publicaciones previas podían inducir a confusión. El traslado de ida se había realizado a las diez de la mañana y la Misa de Acción de Gracias comenzó puntualmente a las doce. El regreso se inició a las cuatro y media de la tarde.
Era el mismo paso.
El mismo Señor.
Muchos de los mismos hermanos.
Pero el carácter de la jornada cambió completamente.
La mañana había tenido silencio.
La tarde iba a tener música.
La Agrupación Musical Nuestra Señora de la Encarnación de Almuñécar comenzó a acompañar al misterio.
El paso volvió hacia los jardines.
La luz ya no era la misma.
Y allí sonó «Salve, Rey de la Victoria», una marcha dedicada al Titular que aquella tarde adquirió un significado particularmente especial.
Hay ocasiones en que el lenguaje habitual de una crónica musical se queda corto frente al utilizado por quienes están junto a una trabajadera.
Al terminar, alrededor del paso se escuchó una palabra:
«Marchón».
No hacía falta decir mucho más.
La marcha había entrado.
La cuadrilla la había recibido.
Y quienes seguían el paso lo habían notado.
Cuando dos agrupaciones musicales tocaron juntas
Al alcanzar la zona de San Isidro, junto a la Casa de Hermandad de San Juan Evangelista, llegó uno de los momentos musicalmente más singulares del regreso.
Allí se incorporó la Agrupación Musical Santísimo Cristo de Gracia de Córdoba.
Durante un tramo, las dos agrupaciones interpretaron marchas conjuntamente tras el misterio.
No una detrás de otra.
Juntas.
La potencia sonora cambió por completo.
Quienes caminaban cerca giraban la cabeza intentando abarcar tanto el paso como aquel conjunto de músicos.
Para los propios componentes de las bandas también era un momento fuera de lo habitual. Bastaba mirar algunos gestos y sonrisas entre ellos para comprobar que aquello no estaba siendo vivido como un acompañamiento más.
Encarnación y Cristo de Gracia continuaron juntas hasta la zona de la Casa de Hermandad del Crucificado. Desde allí, la formación cordobesa tomó el relevo y permaneció detrás del Señor hasta su entrada.
La propia Agrupación Musical Santísimo Cristo de Gracia había anunciado previamente que ambas formaciones interpretarían juntas varias marchas a partir de San Isidro.
Lo hizo mediante un comunicado fechado el 2 de septiembre, posteriormente recogido por medios como Gente de Paz y Efecto Cofrade.
Pero una cosa es anunciar algo extraordinario y otra conseguir que llegue a producirse tal como se había imaginado.
Aquella tarde sucedió.
Y se convirtió en uno de los momentos que más permanecerán asociados al 11 de octubre.
La agrupación cordobesa lo recordaría posteriormente en su propia crónica y galería fotográfica, acompañada de imágenes de Belén Fernández y Adrián Pérez.
Durante un tramo del recorrido no hubo una agrupación musical tras el Señor, sino dos. Encarnación de Almuñécar y Cristo de Gracia de Córdoba compartieron sus sones antes de que esta última acompañara al misterio hasta su Casa de Hermandad.
Cámaras por todas partes
Y entonces apareció otro elemento que llegó a sorprender a la propia Hermandad.
La cantidad de cámaras.
Había momentos en que delante del paso se acumulaban teléfonos móviles, cámaras fotográficas, equipos de vídeo y micrófonos. Unos trabajaban por delante; otros buscaban el lateral; algunos caminaban detrás intentando recoger al mismo tiempo el misterio y la agrupación musical.
Había medios cofrades, creadores de contenido, canales de YouTube, publicaciones digitales y personas grabando material para TikTok y otras redes sociales.

Entre quienes estuvieron recogiendo imágenes se encontraba Lirio de Judea, además de otros muchos creadores procedentes de diferentes lugares.
Los propios medios de Cristo de Gracia grababan extensamente la actuación de la banda y el paso.
Hubo momentos en que tanta cámara alrededor dificultaba incluso la visión del misterio para quienes caminaban junto al cortejo.
Puede parecer una molestia menor, y en parte lo era.
Pero también decía algo.
Aquella tarde estaba despertando interés.
Y buena parte de ese interés procedía de personas que nunca habían visto a La Borriquilla en la calle.
En varias conversaciones apareció una explicación bastante lógica: el Domingo de Ramos, muchos aficionados de Granada y su entorno se desplazan a la capital. Saben que en Padul existe La Borriquilla; han visto fotografías o vídeos, pero nunca se han parado delante del paso.
El 11 de octubre sí lo hicieron.
Y comenzaron los comentarios.
«Esto no lo conocía».
«No sabía que había esto aquí».
«Hay que volver».
Algunos de quienes se acercaron a hablar con el que firma estas líneas dijeron expresamente que querían regresar el 24 de octubre para la salida extraordinaria de Nuestra Señora del Valle.
Otros hablaban ya de venir un Domingo de Ramos.
No sabemos cuántos cumplirán aquella intención.
Tampoco hace falta convertir una conversación de calle en una estadística.
Lo importante es que se estaba produciendo un descubrimiento.
Ver andar el paso desde fuera
Uno de los aspectos que más llamó la atención de quienes llegaban por primera vez fue la forma de andar de la cuadrilla.
El misterio no es pequeño.
Visualmente es un paso de enorme presencia y lleva sobre él una escena poblada de personajes.
Jesús, la borriquilla y su cría, los apóstoles, los hebreos, la palmera y Zaqueo sobre ella.
Mover un conjunto así exige mucho más que fuerza.
A lo largo de los años la cuadrilla ha ido encontrando una manera propia de llevarlo, fruto de ensayos, experiencia y muchas salidas.
No tiene demasiado sentido intentar explicar esa forma a partir de comparaciones.
Es la que se ha construido aquí.
Y precisamente por eso sorprendía a quienes no la conocían.
Había miradas que primero se dirigían al paso y después bajaban casi de inmediato hacia los respiraderos, como tratando de comprender qué estaba ocurriendo debajo.
Algunos de los creadores que grababan la jornada cambiaban continuamente de posición buscando recoger determinados movimientos.
Otros se acercaban al terminar una marcha y comentaban lo que acababan de ver.
No siempre hacía falta una frase.
Una mirada hacia otro cámara, una sonrisa o ese gesto de levantar ligeramente las cejas después de una levantá podían decir bastante.
En un acontecimiento lleno de teléfonos grabando, paradójicamente había reacciones que quedaban fuera de cámara.
La tarde terminó convirtiéndose en noche
Con el paso de las horas, el misterio volvió a transformarse.
Por la mañana el sol había hecho brillar la plata casi hasta deslumbrar.
Por la noche eran los candelabros y las luces de las calles quienes dibujaban el paso.
Las sombras endurecían algunos perfiles y hacían desaparecer otros.
La escena se volvía más cerrada, más recogida.
El cansancio empezaba también a ser visible.

Fotografía editada para Tierra Cofrade.
Costaleros empapados. Músicos que llevaban horas tocando. Miembros de organización pendientes de un cortejo que había comenzado por la mañana. Hermanos que llevaban prácticamente todo el día en la calle.
Pero nadie parecía tener demasiada prisa por terminar.
A esas alturas la jornada ya no estaba siendo vivida como una simple suma de actos.
Había adquirido otro tono.
Volver a la misma puerta
Alrededor de las once de la noche apareció de nuevo la fachada de la nueva Casa de Hermandad.
La misma que el sábado había recibido a los Titulares.
La misma por la que el Señor había salido aquella mañana por primera vez.
Ahora esperaba su regreso.
La calle estaba llena.
Cristo de Gracia seguía detrás.
Los aplausos se mezclaban con la música y con ese murmullo difícil de describir que aparece cuando mucha gente sabe que está a punto de terminar algo importante.

Entonces llegó otro de esos pequeños momentos que podrían quedar fuera de cualquier relación oficial de actos.
Los músicos entonaron el «Dios te salve, María» y el público se sumó al cántico.
Después de tantas marchas, de tantos instrumentos y de tantas horas escuchando música, aparecieron simplemente las voces.
El efecto fue inmediato.
Hubo silencio alrededor.
Y después emoción.
Cuando terminó la entrada aparecieron los abrazos.
Costaleros completamente empapados en sudor después del intenso esfuerzo realizado se abrazaban entre ellos y con quienes los esperaban fuera.
Miembros de la Hermandad que llevaban semanas trabajando y que, por primera vez en muchos días, podían permitirse dejar de pensar en lo siguiente.
Músicos pasando junto a la Casa de Hermandad con una sonrisa que resultaba difícil no interpretar.
Alguno parecía llevar en la cara una expresión muy parecida a esta:
«Hemos estado en algo grande».
No hace falta atribuir la frase a nadie concreto, porque nadie la pronunció exactamente así delante de quien escribe.
Pero el gesto estaba allí.
Y la sensación también.
La jornada había durado aproximadamente trece horas desde la salida matinal hasta el regreso.
Pero si algo quedó claro al terminar es que la duración era casi lo de menos.
En un mismo día habían coincidido muchas de las cosas que explican estos veinticinco años.
Los niños, los fundadores, una Casa de Hermandad recién estrenada, una cuadrilla que había ido creciendo junto a su paso, un párroco que conoce la historia de la corporación, otras hermandades de Padul recibiendo el cortejo, dos agrupaciones musicales interpretando juntas y personas llegadas desde fuera que descubrían lo que ocurre aquí.
Y una puerta que, por primera vez, había servido en una misma jornada para despedir y recibir al Señor.
La otra mirada: lo que contaron quienes estuvieron allí
El interés que despertó la jornada tuvo continuidad fuera de las calles de Padul.
El Comarcal de Lecrín publicó el 12 de octubre una crónica que recogía la emoción del traslado, la celebración eucarística y el acompañamiento musical de las dos agrupaciones. También se hizo eco de la felicitación pública del Ayuntamiento a la Hermandad y a los vecinos por su participación y comportamiento.
La Agrupación Musical Cristo de Gracia de Córdoba difundió posteriormente su propia crónica y una galería fotográfica de la jornada.
Esas publicaciones permiten contemplar lo ocurrido desde perspectivas diferentes a la de quienes formábamos parte de la organización.
Y son importantes precisamente por eso.
Una hermandad tiene su propia percepción de los acontecimientos. Conoce el trabajo previo, las dificultades, las decisiones que hubo que adoptar y el esfuerzo realizado.
Quien llega desde fuera ve otra cosa.
Ve el resultado.
Y en aquel resultado hubo elementos que llamaron poderosamente su atención.
La entrada en los jardines, la luz sobre el paso, el acompañamiento musical, las calles recorridas y la forma de andar de la cuadrilla se convirtieron en imágenes que muchos quisieron fotografiar y grabar.
La presencia de tantos creadores de contenido terminó siendo, por sí misma, uno de los aspectos más llamativos de la jornada.
Pero todavía quedaba otra salida extraordinaria.
Y pocos días después, las cámaras volverían a Padul.
Nuestra Señora del Valle se preparaba para su propia noche
Mientras el Señor regresaba a la nueva Casa de Hermandad, Nuestra Señora del Valle se acercaba ya a su propio día.
Su cuadrilla continuaba trabajando.
Pocos días después, la Virgen estaba ya preparada y entronizada en su paso.
El 24 de octubre empezaba a aparecer cada vez más cerca en las conversaciones.
Algunos de quienes acababan de descubrir al Señor decían que volverían. Dentro de la Hermandad, después de un día tan intenso, apenas había tiempo para detenerse demasiado.
Había que continuar.
Porque estos primeros veinticinco años todavía no habían terminado de contarse.
Y faltaba Ella.
El 24 de octubre, en una provincia llena de convocatorias cofrades
El sábado 24 de octubre amaneció con una agenda cofrade especialmente nutrida en Granada.
En la capital estaban previstas la procesión de San Rafael, desde la basílica de San Juan de Dios, y la salida de Nuestra Señora de la Granada, desde la parroquia de San Isidro Labrador.
A ello se añadía el encuentro musical «Sones de Esperanza», que reunía durante toda la jornada a numerosas formaciones andaluzas en Maracena.
No era, por tanto, una fecha despejada de acontecimientos que pudieran atraer al público aficionado a las procesiones y a la música cofrade.
También había otros actos culturales y religiosos en la capital.
Pero en Padul se esperaba una noche distinta.
Nuestra Señora del Valle iba a realizar una salida extraordinaria de acción de gracias por los primeros veinticinco años de la Hermandad.
La convocatoria había despertado expectación tanto dentro como fuera de la localidad.
Y durante la tarde comenzaron a llegar personas interesadas en contemplar una procesión que se anunciaba especialmente atractiva por la presencia de la Virgen, el trabajo de su cuadrilla y las características del itinerario.
Una Virgen vestida para una ocasión excepcional
Antes de que el paso saliera a la calle, buena parte del trabajo estaba ya realizado.
Miguel Ángel Padilla Pérez, vestidor de los Sagrados Titulares, había preparado a Nuestra Señora del Valle para una ocasión que merecía un cuidado especial.
La Hermandad recibió para ello la colaboración de otras corporaciones.
La saya que lució la Virgen fue prestada por la Hermandad del Rosario de Granada. La toca procedía de la Virgen del Rosario de Linares y la corona de la Esperanza de Lanjarón.
Tres aportaciones de distintas procedencias que encontraron su lugar en la presentación de Nuestra Señora del Valle.

Detalle de la presentación de Nuestra Señora del Valle para la celebración extraordinaria del XXV aniversario. Fotografías editadas para Tierra Cofrade.
Son gestos que muestran una faceta de las relaciones entre hermandades que en ocasiones pasa inadvertida.
La fraternidad cofrade no se expresa solamente mediante una representación en un cortejo o una visita institucional. También aparece cuando se presta una pieza de patrimonio, se facilita un elemento necesario para un culto o se comparte parte del ajuar de una imagen titular.
En una ocasión como esta, aquella colaboración permitió preparar a la Virgen de una manera singular.
La vestimenta no puede contemplarse como una simple suma de piezas.
Hay proporciones, tejidos, volúmenes y detalles que deben relacionarse entre sí. El resultado exige conocimiento de la imagen, sensibilidad y una atención especial a la personalidad que se pretende conservar.
Y eso era especialmente importante en una noche durante la cual muchas cámaras se acercarían al rostro de Nuestra Señora del Valle.
Donaciones que pasan a formar parte del ajuar
La preparación de la extraordinaria permitió incorporar también varias donaciones.
Entre ellas figuraba un encaje descrito por la Hermandad como aplicación de Bruselas, con rosas en punto de aguja y plumetí.
La documentación facilitada recoge igualmente un encaje de punto ruso realizado a mano, una aportación artesanal cuyo valor debe entenderse tanto por la labor realizada como por la voluntad de quien lo entregó.
Otra hermana donó unos pendientes de oro para Nuestra Señora del Valle.
Son gestos que, vistos desde fuera, pueden parecer pequeños frente a la presencia de un paso completo bajo palio.
Pero pertenecen a una tradición de especial significado.
Muchas piezas del ajuar de una imagen mariana no tienen únicamente una historia artística o económica. También conservan el recuerdo de quienes las regalaron, de las circunstancias en que llegaron a la Hermandad y de las razones personales que llevaron a ofrecerlas.
Hay donaciones que pasan de una generación a otra.
Otras nacen de un agradecimiento, de una promesa o del deseo de contribuir al patrimonio común.
Todas terminan incorporándose, de una manera u otra, a la historia de la corporación.
San Sebastián, patrón de Padul, en el pecho de la Virgen
Entre las donaciones recibidas merece una atención especial un broche pectoral bordado en oro mediante la técnica de realce.
La pieza responde a un diseño clásico y presenta una moldura ornamental que enmarca una pintura al óleo de San Sebastián, patrón de Padul, realizada por el artista Pablo Molina.
En su parte inferior, una lazada completa la composición.
Tanto el diseño como la realización del broche corresponden al taller de Alejandro López García.
La presencia del patrón de Padul incorpora a esta pieza una referencia especialmente significativa.
No es únicamente un elemento ornamental destinado al ajuar de Nuestra Señora del Valle.
Es también una expresión de la vinculación de la Hermandad con su pueblo y con una devoción que forma parte de la identidad religiosa de la localidad.
En la obra coinciden distintas manifestaciones artísticas: el bordado en oro, la pintura, el diseño decorativo y el trabajo de composición.
Y todo ello reunido en un pequeño objeto destinado a acompañar a la Virgen.
Hay ocasiones en que una pieza de estas características explica tanto acerca de una hermandad como otros elementos de dimensiones mucho mayores.
Las flores de Nuestra Señora del Valle
El exorno floral del paso de palio para la salida extraordinaria fue realizado por Miguel Ángel Padilla Pérez, que además de ocuparse de la vestimenta de los Titulares asumió este trabajo ornamental.

Fotografía editada para Tierra Cofrade.
La composición se desarrolló en tonos rosas, cremas y melocotón.
Entre las especies utilizadas figuraban alhelíes, orquídeas, rosas de jardín, rosas Esperance, rosas ramificadas, dalias, claveles y flor de cera.
La combinación permitía reunir diferentes formas y volúmenes, buscando una presencia delicada y equilibrada alrededor de la Virgen.
Pero había un detalle que merecía observarse con especial atención.
Los dos varales delanteros del palio estaban recorridos en espiral por sendas guirnaldas de flor de cera blanca.
Además, varias velas de la candelería presentaban el mismo motivo ornamental.
De esta manera, las flores no quedaban limitadas a los centros y jarras habituales.
Se extendían también a la propia estructura del paso y a elementos vinculados con la iluminación de la imagen.
Aquella relación entre los tonos suaves del exorno, la flor de cera y la candelería terminaría adquiriendo su mayor expresión cuando la noche avanzara y el palio recorriera las calles iluminado por sus velas.
También aquí había horas de trabajo que el público contemplaría durante un tiempo mucho más breve.
La Hermandad agradeció expresamente a Miguel Ángel Padilla Pérez la dedicación prestada a la presentación de sus Sagrados Titulares.

del palio preparado para la salida extraordinaria.
Fotografía editada para Tierra Cofrade.
A las ocho, la nueva Casa de Hermandad volvió a abrir sus puertas
A las 20:00 horas del sábado 24 de octubre, Nuestra Señora del Valle inició su salida extraordinaria desde la Casa de Hermandad de la calle Pintor Julio García Villena.
La campana volvió a sonar.
Había sonado por primera vez durante la llegada de los Titulares para la bendición del edificio. También lo había hecho cuando Nuestro Padre Jesús de la Victoria salió de la nueva sede el día 11.
Ahora anunciaba la salida de la Virgen.
Pero aquella salida tuvo también una particularidad que la vinculaba profundamente con las tradiciones de Padul. En lugar del Himno Nacional, como suele ser habitual en este tipo de acontecimientos, la Banda de Música San Sebastián interpretó el Himno a San Sebastián, patrón de la localidad. No era una elección musical cualquiera. Se trata de una composición que los paduleños conocen desde niños y que se ha transmitido de generación en generación, hasta convertirse en una especie de himno no oficial del pueblo. Sus notas acompañan cada 19 de enero la bajada del Santo desde su ermita hasta la iglesia de Santa María la Mayor, entre hogueras y salvas, vuelven a escucharse durante su festividad del día 20 y reaparecen cuando, concluida la novena, regresa a su ermita. Y en cada ocasión sucede algo que sorprende a quienes no conocen esta tradición: los presentes no se limitan a escuchar la música, sino que cantan el himno a pleno pulmón, sin distinción de edades, porque lo llevan aprendido desde la infancia. Así ocurrió también aquella noche, cuando Nuestra Señora del Valle salió de su nueva Casa de Hermandad. La elección unía la celebración del XXV Aniversario con una de las expresiones más reconocibles de la identidad religiosa y popular de Padul.
En apenas dos semanas, aquel elemento de la fachada había comenzado a adquirir una presencia reconocible dentro de la vida de La Borriquilla.
Durante años, la Hermandad había trabajado para disponer de una sede adecuada. Ahora podía contemplar a sus Titulares saliendo desde ella.
Y no en una jornada cualquiera.
La Virgen del Valle iniciaba una procesión extraordinaria de acción de gracias por los veinticinco años de la corporación.
Detrás de su paso se situó la Banda de Música San Sebastián de Padul, formación que viene acompañándola en su salida habitual del Domingo de Ramos.
No era una incorporación pensada únicamente para una ocasión especial.
Su presencia daba continuidad a una relación musical que la Hermandad ha ido consolidando en los últimos años.
Pero aquella noche tanto la Banda como la cuadrilla y quienes acompañaban el cortejo iban a encontrarse con un itinerario de características muy diferentes.
Un recorrido de estrecheces, giros y rincones inesperados
Si el 11 de octubre los jardines habían ofrecido al Señor de la Victoria una perspectiva inédita, el día 24 fueron las calles estrechas de Padul las que contribuyeron a dar personalidad a la salida de Nuestra Señora del Valle.
El recorrido atravesaba zonas en las que el paso de palio debía acomodarse a espacios reducidos, cambios de dirección y giros que requerían especial atención.
No eran precisamente las condiciones más sencillas para una cuadrilla.
Pero terminaron convirtiéndose en uno de los mayores atractivos de la noche.

salida extraordinaria del XXV aniversario fundacional.
Fotografía editada para Tierra Cofrade.
La Virgen avanzaba entre fachadas que en algunos momentos parecían acercarse al palio, mientras la música llegaba desde detrás del paso y el público buscaba espacio para contemplarlo.
Quienes conocen bien Padul saben que su trazado urbano ofrece perspectivas muy distintas según la calle por la que se camine.
Sin embargo, algunos visitantes descubrieron aquella noche rincones que no asociaban con una procesión de estas características.
Y comenzaron las comparaciones.
Hubo personas que llegaron a hablar del Albaicín granadino.
«Tenéis aquí vuestro propio Albaicín», se escuchó comentar.
La comparación no pretendía establecer una equivalencia arquitectónica entre ambos lugares.
Se refería a la impresión que producían las calles estrechas, el recorrido zigzagueante y el paso de palio avanzando por unos espacios que parecían obligar a mirar cada movimiento con especial atención.
En ocasiones las observaciones resultaban especialmente expresivas.
«No sabéis lo que tenéis aquí».
«Ahora vemos lo que tenéis».
«Parece mentira que en un pueblo se tenga esta hermandad».
Eran comentarios escuchados espontáneamente, mientras la procesión continuaba su recorrido.
No se había preguntado a nadie.
Tampoco eran declaraciones preparadas para una entrevista.
Y eso les daba un valor especial.
Descubrir desde fuera lo que dentro se ha visto crecer
Quien firma estas líneas acompañaba el cortejo desde la presidencia, portando una vara de la Hermandad y situado junto al estandarte corporativo.
Aquella posición permitía escuchar comentarios procedentes de personas que se encontraban junto al recorrido y que, en muchos casos, no sabían que quien caminaba cerca había formado parte de la historia de la corporación desde sus comienzos.
Algunos hablaban de las imágenes.
Otros, de la cuadrilla.
También los había que se sorprendían ante la dimensión de los pasos o la manera en que estos avanzaban por las calles.
En más de una ocasión se escucharon valoraciones sobre lo que La Borriquilla había conseguido reunir en sus veinticinco años de existencia.
No es necesario reproducir cada una de aquellas frases ni convertirlas en una colección de elogios.
Lo importante estaba en lo que revelaban.
Había personas descubriendo una realidad que muchos hermanos de La Borriquilla llevaban demasiado tiempo viendo crecer como para percibirla ya con aquella sorpresa.
Para quienes estábamos en 2001, los pasos, los enseres, las cuadrillas y la Casa de Hermandad tienen detrás una historia concreta.
Sabemos que no aparecieron de la noche a la mañana.
Recordamos proyectos que tardaron años en culminarse, decisiones que hubo que modificar y circunstancias que obligaron a buscar soluciones diferentes.
Quien llega desde fuera no ve todo ese proceso.
Contempla directamente el resultado.
Y quizá por eso el asombro de algunos visitantes nos permitió mirar de una manera distinta lo que teníamos delante.
La extraordinaria, también en imágenes
Las fotografías permiten detenerse en los detalles, pero el vídeo recupera otros aspectos esenciales de una procesión: el movimiento del paso, el acompañamiento musical y el ambiente de las calles. Las siguientes grabaciones, realizadas y difundidas por sus respectivos autores, ofrecen otras perspectivas de las jornadas extraordinarias del XXV aniversario de La Borriquilla de Padul.
- https://www.instagram.com/reel/De87BOwkV9-/
- https://www.instagram.com/reel/De3p2ydBNeH/
- https://www.instagram.com/reel/DeZMF25Md4d/
Las costaleras y una manera elegante de llevar el palio
Uno de los aspectos que más comentarios provocó durante la salida extraordinaria fue el trabajo de la cuadrilla de Nuestra Señora del Valle.
Las características del itinerario exigían precisión.
Había giros, estrecheces y momentos en los que el espacio disponible obligaba a extremar el cuidado.
La cuadrilla respondió con un andar especialmente elegante.
No hubo necesidad de buscar movimientos exagerados para llamar la atención.
El paso avanzaba con serenidad, con un movimiento medido, sin tirones ni cambios bruscos hacia los costeros.
La Virgen parecía desplazarse con naturalidad incluso en lugares donde el trazado de la calle hacía especialmente complejo el trabajo bajo las trabajaderas.
A veces se confunde la espectacularidad con la acumulación de movimientos.
Aquella noche hubo otra manera de entenderla.
La elegancia estaba precisamente en la medida.
En la capacidad para adaptar el paso a cada tramo sin perder compostura, sin violentar el movimiento del palio y sin convertir una dificultad del recorrido en una exhibición innecesaria.
Y todo ello mientras la Banda de Música San Sebastián acompañaba musicalmente el caminar de Nuestra Señora del Valle.

Pero había otra realidad que desde fuera no se apreciaba con la misma claridad.
El calor bajo el paso.
En cada relevo se podía comprobar el esfuerzo de las costaleras.
Salían completamente empapadas en sudor, después de haber soportado durante su trabajo unas condiciones verdaderamente exigentes.
El contraste resultaba llamativo.
Desde fuera, el palio avanzaba con suavidad.
Debajo había un esfuerzo enorme.
La imagen de aquellas costaleras saliendo de sus relevos como si acabaran de recibir un baño es otra de las que deben conservarse al recordar esta extraordinaria.
Porque detrás de una manera elegante de llevar un paso hay siempre mucho trabajo que no se ve.
La Banda de Música San Sebastián y el sonido de la noche
La Banda de Música San Sebastián de Padul acompañó a Nuestra Señora del Valle durante su salida extraordinaria.
Era la formación que viene poniendo música a su caminar durante la tarde y la noche del Domingo de Ramos, por lo que su presencia establecía una continuidad con las salidas habituales.
Pero el 24 de octubre el escenario era diferente.
Las calles estrechas ofrecían una sonoridad particular.
La proximidad de las fachadas y del público hacía que determinados pasajes musicales adquirieran una presencia muy distinta a la de los espacios abiertos.
En algunos puntos, la música parecía acompañar cada movimiento del palio desde muy cerca.
En otros, la banda quedaba momentáneamente fuera de la vista de quienes contemplaban la Virgen, aunque sus sones continuaban llegando entre las calles.
La música terminó formando parte inseparable de la personalidad del recorrido.
Y hubo una interpretación que, por sus características, merece un capítulo propio.
La música tuvo también su propio itinerario durante la salida extraordinaria de Nuestra Señora del Valle. La Banda de Música San Sebastián de Padul preparó una cruceta en la que cada tramo del recorrido encontraba su acompañamiento. La salida estuvo marcada por el «Himno de San Sebastián», al que siguieron «Esperanza de Triana Coronada» y «Tras tu Verde Manto», mientras que en la calle Mariana Pineda figuraba «El Día del Señor». En la calle Lavadero se reservaron «Pasan los Campanilleros» y «La Misión de la Esperanza», y en Abenhamar, el pasodoble «Tercio de quites», uno de los momentos especialmente recordados de la noche. La música continuaba por Buega con «Hosanna in Excelsis» y «Señorita de Triana»; por la calle Iglesia, con «Pureza Marinera»; y por Horno, con «Triana», «Pasa la Virgen Macarena» y «La Estrella Sublime». En Cubos figuraba «Al Cielo la Reina de Triana»; en Molino, «Madrugá Macarena»; en San Isidro, «Espíritu Santo» y «Dios te Salve, Rocío»; y en Pósito, «Encarnación Coronada». El itinerario volvía a pasar por Buega, esta vez con «Amarguras», y por Abenhamar, con «Coronación de la Macarena». En el segundo paso por Lavadero estaban previstas «La Misión de la Esperanza» y «Siempre la Esperanza», mientras que en Príncipe figuraban «Como Tú, Ninguna» y «Rosario de Montesión». Finalmente, en la calle Pintor Julio García Villena se habían señalado «El Día del Señor» y «Reina del Valle», antes de una entrada para la que la cruceta recogía «Triana», «Coronación» y el «Himno Nacional». Más allá de la sucesión de títulos, aquel repertorio ponía de manifiesto que el acompañamiento musical había sido pensado en relación con las calles, las dificultades del recorrido y los momentos que la Hermandad quería destacar en una noche excepcional.
Una alfombra de sal coloreada y «Tercio de quites»
En la zona de la calle Abenhamar se había preparado una alfombra de sal coloreada para recibir a Nuestra Señora del Valle.

su recorrido extraordinario. Fotografía editada para Tierra Cofrade.
Aquel trabajo ornamental transformaba el pavimento durante unas horas, incorporando al recorrido una expresión de homenaje especialmente visible.
Cuando el paso llegó a aquel lugar, la Banda de Música San Sebastián interpretó el pasodoble «Tercio de quites».
La elección resultaba singular.
Un pasodoble de carácter taurino acompañando el caminar de una Virgen bajo palio durante una procesión extraordinaria.
Pero la cuadrilla supo interpretar aquella música con una elegancia que llamó especialmente la atención.
No hubo necesidad de movimientos bruscos ni de buscar un efecto desmesurado.
Las costaleras adaptaron el caminar del paso a la composición, manteniendo la serenidad del conjunto y dejando que la música acompañara el avance de Nuestra Señora del Valle.
La escena reunió elementos poco habituales en una misma imagen.
La alfombra de sal coloreada, el paso de palio, la interpretación del pasodoble y el público que contemplaba el momento, mientras numerosas cámaras intentaban recogerlo.
Es uno de esos episodios que conviene conservar mediante fotografías y vídeo, porque la explicación escrita difícilmente alcanza a reproducir por completo la relación entre la música y los movimientos del paso.
Y también porque muestra algo importante acerca de una cuadrilla.
Saber llevar un paso no consiste solamente en responder a las marchas procesionales más habituales. También exige capacidad para escuchar, interpretar y resolver con naturalidad situaciones musicales distintas.
Aquella noche, las costaleras de Nuestra Señora del Valle lo demostraron.
Una lluvia de pétalos para la Virgen
En aquella misma zona del recorrido se vivió otro momento especialmente emotivo.
Nuestra Señora del Valle recibió una petalada.
Los pétalos cayeron sobre el paso y alrededor de la imagen, creando durante unos instantes una escena de especial belleza.
Las petaladas pertenecen desde hace mucho tiempo al lenguaje de las devociones populares andaluzas.
Son una forma de expresar cariño y de convertir durante unos momentos una calle corriente en un lugar de homenaje.
Pero cada una tiene su personalidad.
Depende de la altura desde la que caen los pétalos, de la proximidad del público, de la iluminación, del momento musical y de la manera en que el paso avanza.
En esta ocasión, la petalada llegó después de que la procesión hubiera acumulado ya numerosos momentos de especial interés.
La alfombra de sal, el pasodoble y la lluvia de pétalos convirtieron aquella parte del itinerario en una de las más recordadas por quienes pudieron contemplarla.
No era solamente la Virgen atravesando una calle.
Era una calle que había sido preparada para recibirla.
Hermandades de Padul y representaciones llegadas desde fuera
La salida extraordinaria de Nuestra Señora del Valle contó también con la presencia de representaciones de otras hermandades.
La Borriquilla había cursado previamente invitaciones mediante cartas y correos electrónicos, tanto a corporaciones de Padul como a otras de Granada y diferentes localidades de la provincia.
Entre las representaciones llegadas de fuera estuvo la vinculada a Santa María del Triunfo, de Granada, así como hermanos de corporaciones de Lanjarón y de otras poblaciones que quisieron acompañar la celebración.
También hubo presencia de hermandades del propio Padul, que participaron de una jornada especialmente significativa dentro de la vida cofrade de la localidad.
La asistencia tenía un valor que iba más allá del protocolo.

Fotografía editada para Tierra Cofrade.
Una hermandad no se construye solamente hacia dentro. Con el paso de los años va estableciendo relaciones, compartiendo cultos, colaborando en acontecimientos y encontrando puntos de unión con otras corporaciones.
Aquellas representaciones reflejaban parte de esas relaciones.
La celebración era propia de La Borriquilla, pero el aniversario había terminado convocando a muchas otras personas vinculadas al mundo cofrade.
En una jornada de características tan especiales, aquella presencia contribuía además a mostrar que estos veinticinco años no habían transcurrido al margen de las demás hermandades.
Habían sido también veinticinco años de encuentros.
De Padul a las pantallas: cámaras, televisión y retransmisiones
La cantidad de personas grabando la salida extraordinaria volvió a ser uno de los aspectos más llamativos de la celebración.
Ya el día 11 se había podido comprobar que Nuestro Padre Jesús de la Victoria despertaba el interés de numerosos creadores de contenido cofrade.
El 24, aquella presencia volvió a hacerse visible alrededor del paso de Nuestra Señora del Valle.
Entre los medios presentes estuvo PTV Granada, que realizó una retransmisión en directo desde las ocho de la tarde, permitiendo seguir la salida a quienes no se encontraban en Padul.
También acudió Lirio de Judea para recoger imágenes de la extraordinaria.
A ellos se sumaron numerosos creadores y aficionados con cámaras, teléfonos y equipos de grabación.
Algunos habían llegado desde diferentes localidades de la costa granadina. Otros procedían de lugares más alejados.
Durante la noche se habló de publicaciones y grabaciones destinadas a difundirse por Instagram, YouTube, Facebook y TikTok.
Pero la actividad audiovisual no se limitaba a grabar para publicar posteriormente.
Había personas realizando retransmisiones en directo a través de TikTok y otras plataformas.
Eso significaba que, mientras el palio avanzaba por las calles de Padul, había espectadores siguiendo sus movimientos prácticamente al mismo tiempo desde otros lugares.
Algunos creadores comentaban que sus emisiones habían llegado a reunir más de mil personas conectadas en determinados momentos.
No contamos con estadísticas independientes que permitan comprobar esas cifras ni reconstruir la audiencia total de todas las emisiones.
Pero aquella información, transmitida por quienes estaban realizando los directos, da una idea de la atención que el acontecimiento despertaba fuera del recorrido.
Lo que unos contemplaban desde una esquina de Padul, otros podían seguirlo desde su teléfono a muchos kilómetros de distancia.
Y esa simultaneidad añadía algo nuevo a la manera de vivir una celebración como esta.
Cuando una hermandad se descubre a través de las redes
La difusión audiovisual tiene una capacidad que hace apenas unos años resultaba difícil imaginar.
Una persona puede encontrar casualmente un vídeo de unos segundos en TikTok, detenerse ante una imagen que le llama la atención y terminar buscando información sobre una hermandad cuya existencia desconocía.
Algo semejante ocurre con las retransmisiones en directo.
Quien está siguiendo un canal dedicado a contenidos cofrades puede encontrarse, sin haberlo previsto, con una procesión celebrada en Padul.
Ve avanzar un paso de misterio entre árboles, escucha dos agrupaciones interpretando juntas, contempla una Virgen bajo palio por una calle estrecha o descubre una manera de andar que no conocía.
Y a partir de ahí comienza la curiosidad.
¿Qué hermandad es?
¿Dónde está Padul?
¿Cuándo sale normalmente?
Esas preguntas no significan que la Hermandad haya nacido ahora para el mundo cofrade.
La Borriquilla llevaba veinticinco años trabajando.
Lo que ha cambiado es la capacidad de mostrar ese trabajo a personas que hasta entonces no habían tenido ocasión de contemplarlo.
Durante las dos jornadas extraordinarias se hizo evidente que muchos visitantes estaban descubriendo una realidad que les había pasado inadvertida.
En ese sentido, la repercusión audiovisual puede considerarse una de las consecuencias importantes del aniversario.
No porque un número elevado de visualizaciones convierta en mejor a una hermandad.
Sino porque facilita que su historia, sus imágenes y su actividad lleguen a personas que quizá nunca se habrían acercado hasta Padul de otra manera.
La noche avanzaba y el esfuerzo comenzaba a notarse
Con el paso de las horas, la extraordinaria de Nuestra Señora del Valle fue dejando atrás los primeros momentos de expectación.
El recorrido avanzaba, la banda continuaba interpretando sus composiciones y la cuadrilla afrontaba una sucesión de tramos que exigían mantener la concentración.
La candelería ofrecía una iluminación especialmente hermosa de la imagen.
Las flores, los encajes, la corona y los detalles del exorno adquirían una presencia distinta según la perspectiva desde la que se contemplara el palio.
Pero debajo del paso el esfuerzo seguía siendo enorme.
Los relevos dejaban ver el cansancio acumulado de las costaleras, empapadas después de su trabajo.
Aun así, la manera de andar del paso conservó aquella elegancia que había provocado tantos comentarios durante la noche.
Se puede escribir mucho acerca de las flores, los estrenos, los préstamos y las características de un recorrido.
Pero una procesión termina sosteniéndose sobre personas.
Costaleras, capataces, músicos, acólitos, hermanos de organización, miembros del cortejo y quienes preparan cada detalle durante los días anteriores.
Todas esas personas formaron parte de aquella noche.
Y sin ellas no habría habido extraordinaria.
A las once y cuarenta y cinco, de nuevo en casa
Alrededor de las 23:45 horas, Nuestra Señora del Valle regresaba a la nueva Casa de Hermandad.
Habían transcurrido aproximadamente tres horas y tres cuartos desde su salida.
La fachada que días antes había recibido por primera vez a los Titulares, que había despedido al Señor de la Victoria y lo había acogido después de su traslado extraordinario, volvía a convertirse en el escenario donde concluía uno de los grandes acontecimientos del aniversario.
Pero esta vez regresaba la Virgen.
Detrás quedaban las calles estrechas, los comentarios de los visitantes, la música de San Sebastián, la alfombra de sal, el pasodoble, la petalada y el esfuerzo de una cuadrilla que había sabido convertir las dificultades del itinerario en una demostración de elegancia.
También quedaban los recuerdos de las numerosas personas que habían acompañado la salida.
Y las fotografías.
Y los vídeos.
Y las retransmisiones que, desde distintos lugares, habían llevado hasta otras pantallas lo que estaba sucediendo en Padul.
Cuando la Virgen regresó a su Casa de Hermandad, La Borriquilla había completado las dos grandes jornadas extraordinarias de octubre.
La del Señor de la Victoria, con su traslado, la Misa de Acción de Gracias y un regreso inolvidable.
Y la de Nuestra Señora del Valle, con una noche que había permitido descubrir otra faceta de la corporación.
Eran dos celebraciones diferentes, pero pertenecían a una misma historia.

Lo extraordinario no estaba solamente en los pasos
Al mirar todo cuanto ha sucedido durante estas semanas resulta fácil quedarse con las imágenes más espectaculares.
El Señor de la Victoria bajo la arboleda de los jardines de la Estación.
La plata reflejando el sol.
El incienso atravesado por la luz.
Las agrupaciones de Almuñécar y Córdoba interpretando juntas sus marchas.
La entrada del misterio en la nueva Casa de Hermandad.
Nuestra Señora del Valle avanzando por las calles estrechas de Padul.
Su candelería encendida, las guirnaldas de flor de cera, la alfombra de sal coloreada, el pasodoble «Tercio de quites» y la petalada.
Son escenas que merecen conservarse.
Pero la celebración ha dejado algo más.
Ha permitido contemplar el resultado de un cuarto de siglo de trabajo desde una perspectiva que quienes estamos dentro de la Hermandad no siempre tenemos.
Durante las dos jornadas hubo visitantes que expresaban su sorpresa ante el patrimonio, las imágenes y las cuadrillas.
Algunos parecían descubrir que detrás de La Borriquilla había mucho más que una procesión de Domingo de Ramos.
Y quizá ahí se encuentre una de las consecuencias más interesantes del aniversario.
No se trataba de demostrar que Padul posee una Semana Santa.
Eso nunca ha estado en duda.
La localidad cuenta con una larga tradición cofrade, con hermandades de distintas épocas y con devociones profundamente arraigadas.
Lo que muchas personas descubrieron durante octubre fue el trabajo desarrollado por una corporación relativamente joven, nacida en 2001 y capaz de construir en veinticinco años una realidad que entonces apenas podía imaginarse.
No hace falta compararla con hermandades de otros lugares para valorar lo conseguido.
Tampoco sería justo utilizar la admiración de los visitantes como si fuera una clasificación.
Las hermandades no necesitan competir entre sí para explicar su importancia.
Cada una tiene su propia historia, sus circunstancias y su manera de servir a la comunidad.
La Borriquilla tiene la suya.
Y durante estas jornadas ha tenido ocasión de mostrarla.
Una casa, dos Titulares y muchas personas detrás
Cuando se fundó la Hermandad, pocas cosas estaban resueltas.
Había que construirlo prácticamente todo.
Las imágenes titulares, los pasos procesionales, las cuadrillas, los enseres, las actividades y los espacios necesarios para desarrollar la vida cotidiana de una corporación que todavía no existía como hoy la conocemos.
A lo largo de estos años hubo momentos de entusiasmo y también de dificultades.
Hubo proyectos que avanzaron rápidamente y otros que necesitaron mucho más tiempo.
Llegaron hermanos que asumieron responsabilidades importantes. Algunos permanecen vinculados a la corporación desde sus comienzos. Otros se incorporaron después y han terminado haciendo suyo aquel proyecto que nació cuando ellos todavía eran niños o ni siquiera habían nacido.
Esa continuidad es una de las mayores riquezas que puede alcanzar una hermandad.
La nueva Casa de Hermandad, estrenada precisamente durante el aniversario, constituye un ejemplo especialmente visible.
No es solamente un edificio.
Es el resultado de una necesidad compartida, de un proyecto mantenido durante años y de una voluntad colectiva de dotar a La Borriquilla de un lugar desde el que seguir desarrollando su vida.
Y resulta difícil imaginar un comienzo más significativo para aquella sede que haber recibido, despedido y vuelto a recibir a los dos Titulares durante estas jornadas extraordinarias.
La campana que comenzó a sonar el 10 de octubre forma ya parte de esa nueva etapa.
El tiempo dirá cuántas veces volverá a escucharse y cuántas generaciones llegarán a reconocer su sonido como algo inseparable de la Hermandad.
Veinticinco años después, todavía queda mucho por contar
La celebración del XXV Aniversario Fundacional no ha terminado con las salidas extraordinarias de octubre.
Quedan todavía actos de formación, cultos y otras citas previstas hasta diciembre.
Pero las jornadas del 11 y del 24 de octubre ya ocupan un lugar propio en la historia de La Borriquilla.
Y lo hacen por motivos que van mucho más allá de haber sacado a la calle los pasos en unas fechas diferentes a las habituales.
El Señor de la Victoria encontró a los niños delante de su paso, recorrió por primera vez los jardines de aquella manera, presidió la Eucaristía conmemorativa y regresó acompañado por dos agrupaciones musicales que llegaron a interpretar juntas sus marchas.
Nuestra Señora del Valle ofreció una noche de calles estrechas, encuentros y homenajes, con una cuadrilla de costaleras que supo mantener la elegancia de su caminar en un recorrido exigente.
Ambos Titulares salieron desde una Casa de Hermandad que acababa de comenzar a cumplir la función para la que había sido construida.
Y alrededor estuvieron los hermanos, los vecinos, otras corporaciones, las autoridades, los visitantes, los músicos, las cámaras y muchas personas que no habían presenciado nunca una jornada semejante en Padul.
Todo eso merece recordarse.
Pero cuando hayan pasado otros veinticinco años quizá haya algo que resulte todavía más importante.
Quienes entonces contemplen las fotografías de octubre de 2026 verán personas que hoy conocemos perfectamente.
Reconocerán a unos costaleros, a unas costaleras, a los músicos, a los capataces, a quienes prepararon las flores, a los hermanos que ocuparon la presidencia o a los niños que caminaron delante del Señor.
Tal vez encuentren detalles que ahora nos parecen secundarios.
Una fachada, una calle, una expresión, una persona al fondo de una fotografía.
Y quizá aquellos documentos les permitan reconstruir una parte de lo que hoy estamos viviendo.
De alguna manera, eso mismo ocurrió cuando preparamos la exposición fotográfica del aniversario.
Muchas imágenes que en su momento parecían corrientes habían adquirido, veinticinco años después, un valor que nadie podía calcular cuando fueron tomadas.
Por eso importa conservarlas.
Y por eso importa también escribir lo sucedido.
No para convertir cada celebración en una sucesión de alabanzas, sino para dejar constancia de cómo una hermandad fue construyendo su historia, quiénes participaron en ella y qué acontecimientos marcaron sus primeros veinticinco años.
La Borriquilla de Padul comenzó en 2001 con mucho por decidir y prácticamente todo por hacer.
En octubre de 2026 ha podido mostrar una realidad muy distinta.
Dos Titulares, dos pasos, sus cuadrillas, un patrimonio construido durante años, una nueva Casa de Hermandad y una comunidad de hermanos que continúa trabajando.
No es poco.
Y cuando se mira hacia atrás, cuando se recuerda aquella primera reunión y se contempla lo sucedido durante estas jornadas extraordinarias, resulta inevitable pensar en cuántas cosas han cambiado.
También en cuántas permanecen.
Porque, por encima de las imágenes, las flores, las marchas y las fotografías, sigue estando la razón por la que todo comenzó.
Y esa es la historia que merece continuar contándose.
Francisco Molina Muñoz
Tierra Cofrade — Octubre de 2026
También en Tierra Cofrade
El XXV aniversario fundacional de La Borriquilla de Padul ha dejado acontecimientos que merecen contemplarse también desde otras perspectivas. A lo largo de estos meses, Tierra Cofrade ha recogido distintos momentos de la celebración, desde la presentación del programa conmemorativo y la exposición de su historia hasta el traslado extraordinario del Señor de la Victoria. Estos artículos permiten ampliar lo narrado en esta crónica y acercarse a una trayectoria que, veinticinco años después, sigue escribiendo nuevas páginas.
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Nota de autoría gráfica y audiovisual
Las fotografías que acompañan esta crónica proceden del archivo fotográfico propio de Tierra Cofrade y de imágenes cedidas para su publicación por la Hermandad de Nuestro Padre Jesús de la Victoria y Nuestra Señora del Valle (La Borriquilla de Padul). Se agradece a la Hermandad su colaboración y la aportación de este material, así como a los fotógrafos colaboradores, cuya autoría se identifica individualmente cuando corresponde.
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